El estado confederal que nos quieren colar desde el 11M va asomando la patita. United states of Iberia.
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BINGO
Los que van sin rumbo en el foro no saben ni por dónde le van los aires.
El iberismo: corregir la historia de España
POR LA GACETA
18 DE JULIO DE 2016
Aparece cada cierto tiempo en los medios una
encuesta que da cuenta del entusiasmo de nuestros vecinos
portugueses por
unirse a España. La última es de hace pocos días y anuncia que siete de cada diez lusos son partidarios de unir su destino al nuestro. La unión, empero, se entiende de manera muy diferente a ambos lados de la Dosis de poleo (o
Raia), que así llaman a la frontera en las poblaciones limítrofes. A este lado pensamos en Portugal como decimoctava autonomía, formula que en términos financieros equivaldría a
una OPA; allí piensan en una
fusión entre iguales, suma de cuyo resultado nacería una
inédita nación ibérica de nombre (y símbolos) aún por concretar. El proyecto implicaría la
necesaria desaparición de Portugal, pero también
de España. Eso es el
iberismo, una ideología política vinculada tradicionalmente a movimientos republicanos, socialistas y posteriormente regionalistas que busca
redefinir el mapa de la península. Por completo. Algo así como
resetear la historia de España, ama a juicio de sus ideólogos de errores y fracasos, y volver a empezar de cero dando cauce político a las verdaderas naciones que componen la península ibérica.
Tabula rasa.
Tres grandes naciones ibéricas
Existe un Iberismo que busca
deconstruir España, cárcel de pueblos sometidos históricamente por una
Castilla intolerante y despótica. Y una vez obtenido el puzzle de naciones resultante, y ya en plano de igualdad, el paso siguiente será construir una
confederación de estados ibéricos, realidad jurídica, ésta sí, ajustada a las verdaderas realidades nacionales. Así pensaron algunos de sus principales ideólogos, entre ellos
Fernando Pessoa, partidario de una confederación de
“las tres grandes naciones ibéricas”: Portugal, España y
Cataluña.
Así el iberismo se presta a resolver el que entiende como “problema de España” y lo hace presentándose como una
solución conciliadora y de concordia, como una ideología superadora de localismos, ideada por
hombres de la cultura y orientada emocionalmente a la América hispano-lusa. Un relato entre romántico y nostálgico muy del gusto de cierta intelectualidad pogre. No en vano el iberismo nunca trascendió el ámbito de la cultura o el pensamiento. Su dimensión utópica no alcanzó más allá de periodistas, políticos o intelectuales como el Nobel
José Saramago o el ya citado Pessoa.
Republicanismo e iberismo, de la mano
Las dos
experiencias republicanas fueron los periodos de mayor pretensión iberista. No en vano la Constitución de 1931 llegó a reconocer la
doble nacionalidad para los portugueses afincados en España. Y por las mismas fechas cobraron enorme importancia movimientos radicales como la
FAI -Federación Anarquista Ibérica- y la
Federación Ibérica de Juventudes Libertarias, ambas de ámbito peninsular y vocación iberista. Hoy aún existe
Izquierda Republicana, partido heredero del fundado por Manuel Azaña e integrado en Izquierda Unida, que apuesta de manera explícita por el iberismo como formula de articulación territorial peninsular.
Hace algunos meses que hacía notar
Jaume Reixach, editor de la publicación izquierdista
“El Triangle”, la necesidad de construir un “nuevo porvenir ibérico» para “los
tres territorios que vertebran la península”. Reixach da la razón a Julián Marías, que se lamentaba del concepto negativo de la historia de España que aún pervivía en una parte importante de la izquierda. Siendo así que el editor de El Triangle alude a
“la historia de esta vieja y ensangrentada tierra” como estímulo para la
revolución territorial pendiente que habrá de corregir, por fin, un pasado tenebroso que es preciso exorcizar.
“República Catalana dins de la Federació Ibèrica”
Fue durante la caótica
Primera República (1873-1874) que se buscó poner por primera vez las bases de una federación ibérica real, fórmula que daría acomodo definitivo a los pueblos de la vieja Iberia. El diseño previsto nunca llegó a aplicarse, antes se desató una sintomática
deriva cantonalista que frustró el proyecto de
Pi i Margall y que hubo de ser frenado militarmente. El político catalán, sin embargo, no abjuraría del proyecto iberista, al que volvería aludir en su obra
“Las Nacionalidades” (1876).
El ex juez
Santiago Vidal, redactor de una pseudo constitución catalana y actual senador de
Esquerra Republicana de Catalunya tiene escritos diferentes textos defendiendo la creación de una
«federación ibérica» integrada por España, Portugal, Cataluña, Galicia y País Vasco. Y es que el
surgimiento de los nacionalismos vasco y sobre todo catalán tras la crisis del 98 supuso un nuevo hito en la historia del ideal. El
iberismo debía actuar como
herramienta para
diluir el peso de Castilla en la península y acabar con su hegemonía cultural y política. Así, el proyecto de federación ibérica se presentaba como corrector de las fronteras históricas y establecía
tres grandes franjas territoriales en la península: Portugal y Galicia en el oeste, Castilla en el centro y Cataluña, Valencia y Baleares en el este.
Cataluña se sacudiría así el yugo castellano y podría ejercer su
anhelada influencia cultural y política sobre los
territorios que, según los teóricos del nacionalismo catalán, le
correspondían lingüística y culturalmente. No en vano, el 14 de abril de 1931
Francesc Macià proclamó “la República Catalana dins de la Federació Ibèrica”.