Piden 115.000 euros por una casa para tirar en Llanes
¿Cuánto vale una casa sin cimientos, con la estructura a punto de derrumbarse y en un pueblo de 400 habitantes? El anuncio que ha circulado estos días lo tiene claro:
115.000 euros. La vivienda, un adosado en Llanes (Asturias), se vende con el certificado energético en trámite y un estado que varios foreros describen como ruina total. El municipio, famoso por sus playas y por la proximidad a los Picos de Europa, se ha convertido en objeto de deseo para compradores de Madrid y del País Vasco, según se comenta en el hilo. La pregunta no es si la casa es cara: es si el suelo debajo justifica el precio.
Qué se compra exactamente por 115.000 euros
El inmueble se anuncia como adosado, aunque la descripción del estado real dista mucho de lo que sugiere esa etiqueta. Los muros de carga apoyan directamente sobre el terreno, sin cimientos, según los análisis técnicos que se han compartido. La columna y el techo presentan un deterioro que, sin una reparación profunda, podría derivar en derrumbe. Antes de dibujar un plano hay que demoler y desescombrar: entre
20.000 y 30.000 euros solo en esa fase, según un cálculo que circula en el hilo. La estructura, eso sí, algunos sostienen que podría conservarse con un tejado nuevo, ventanas modernas de aspecto similar y una reforma integral de cocina y baños. El resultado sería una casa con esencia, pero a un coste que nadie ha desglosado del todo.
El cálculo completo, partida a partida, arroja una diferencia que sorprende: lo que se paga por el solar desnudo frente a lo que costaría una vivienda ya restaurada en la misma zona. Hay quien valora el resultado final en
115.000 euros si estuviera en perfecto estado. Es decir, el precio actual equivaldría a comprar la casa terminada, pero recibiendo una ruina, según esta opinión.
Llanes, el nuevo Sotogrande del Cantábrico
La localización es el argumento que sostiene el precio. Llanes concentra algunas de las playas más conocidas de Asturias, tiene los Picos de Europa a tiro de piedra y está cerca de Ribadesella, San Vicente de la Barquera, Comillas, Arriondas, Cangas de Onís y Santillana del Mar. La presión compradora de madrileños y vascos, según varios análisis, ha disparado los precios en la zona oriental asturiana. Para los bilbaínos, el municipio ofrece salida de Cantabria, cercanía por autovía y precios más razonables que en la comunidad vecina. El resultado: cualquier cuadra se anuncia como chalet y se pide por ella como si estuviera en La Moraleja, según se quejan algunos foreros.
Hay quien compara Llanes con Mónaco o con Zarauz. La exageración es evidente, pero el fenómeno no lo es menos. En verano, los pueblos pequeños superturisticos se vuelven más difíciles de transitar que Nueva York o Roma, según la experiencia de quienes los conocen. Julio y agosto convierten las calles en un obstáculo continuo. El atractivo estacional sostiene una demanda que el resto del año no se justifica por sí sola.
El problema del comprador que paga por una ruina
El riesgo no está solo en el precio. Está en lo que se compra. Los muros sin cimientos, la estructura comprometida y el coste de demolición convierten la operación en una apuesta. Hay quien recuerda casos similares en la meseta castellana: casas anunciadas por
90.000 euros que acabaron vendiéndose por
15.000 tras años en el mercado. El comprador reformó, se cansó de meter dinero y dejó de aparecer. Propiedades que valen prácticamente cero.
La comparación con otras zonas rurales es inevitable. En aldeas de Burgos se han comprado casas similares por
15.000 o 20.000 euros, según el testimonio de un forero. La diferencia es la ubicación. Llanes tiene playa, montaña y demanda externa. Esa combinación justifica un sobreprecio, pero no cualquier sobreprecio. El día que la demanda se enfríe, los que hayan pagado por una ruina a precio de casa terminada tendrán un problema difícil de explicar.
La cara y la cruz de vivir en el oriente asturiano
Frente al escepticismo sobre el precio, hay una defensa cerrada de la zona. Quienes viven allí destacan la calidad de vida, la costa, el interior y la gente. Con dinero, se vive muy bien. Los que se ríen de la lluvia o de la despoblación, sostienen, no han pasado un invierno en la cornisa cantábrica. El clima es húmedo, pero los páramos son escasos. La España vacía no es homogénea, y Asturias no es Castilla.
El debate sobre el precio esconde otro más incómodo: el futuro de los pueblos. Hay quien sostiene que, cuando desaparezcan los pensionistas de la minería, la única entrada de dinero será vender casas y tierras a compradores de fuera. Otros recuerdan que en cincuenta años miles de pueblos estarán en la misma situación. La vivienda rural como activo financiero es una apuesta que no siempre sale bien.
Con estos mimbres, la operación tiene sentido solo si el comprador valora la ubicación por encima de la ruina. Si no, 115.000 euros por una casa sin cimientos en un pueblo de 400 habitantes es una forma cara de comprar un solar. Y ni siquiera el solar está garantizado.