Un deseo de muerte para Sánchez cuelga del árbol oficial de Madrid
¿Qué pasa cuando el rincón navideño más fotografiado de Madrid se convierte en el escaparate de un deseo de muerte? En la Real Casa de Correos, sede del Gobierno autonómico y epicentro de la Puerta del Sol, el llamado Bosque de los Deseos permite a los visitantes colgar tarjetas con sus anhelos para el año nuevo. Entre las peticiones habituales de salud y felicidad apareció una que pedía matar a Pedro Sánchez. La tarjeta, con tres deseos ordenados por prioridad, situaba ese destino por delante de «ir a dormir» y de «salud y felicidad». El hallazgo lo publicó
eldiario.es y la reacción no se hizo esperar.
Qué es el Bosque de los Deseos de la Puerta del Sol
La instalación, montada junto a la Real Casa de Correos, invita a escribir deseos en tarjetas de papel y colgarlas de las ramas de los abetos. Es un dispositivo navideño de participación ciudadana, sin filtro previo conocido, en el que cada cual deja constancia de lo que espera del año que entra. La tarjeta en cuestión no era anónima en su contenido, pero sí en su autoría. Nadie ha reivindicado su autoría y no consta investigación alguna.
La noticia llegó con un detalle que disparó las sospechas: la coincidencia entre la aparición del mensaje y la presencia de un periodista del medio que lo publicó. Buena parte de las reacciones apuntaron a un montaje. «Un cartelito así no dura nada en el árbol y precisamente estaba ahí el periodista», resume una de las intervenciones más respaldadas. La duda razonable quedó instalada: entre la posibilidad de que alguien escribiera el deseo y la de que alguien lo colocara para la foto, el material no resuelve nada.
Del deseo a la sospecha de montaje periodístico
El escepticismo no es nuevo. Varios mensajes recordaron episodios anteriores de supuesta fabricación informativa: el sobre con balas, el francotirador que resultó ser un aficionado, la carta de un niño de seis años pidiendo matar a quienes abortan, escrita con dos líneas impecables y sin faltas. El patrón que se dibuja es siempre el mismo: un hallazgo llamativo, una foto oportuna y una polémica que dura lo que tarda en desmentirse. La comparación con aquellos casos sirve aquí como argumento de desconfianza, no como prueba.
Hay quien va más allá y sostiene que el medio publicó el mensaje para reforzar una línea editorial contra el Gobierno de la Comunidad de Madrid. La teoría no tiene respaldo documental, pero explica por qué la conversación derivó tan rápido desde el contenido del deseo hacia la identidad de quien lo colgó.
El odio al presidente como fenómeno recurrente
Más allá del episodio concreto, el material recoge una discusión sobre la intensidad del rechazo a los presidentes del Gobierno. Se recuerda que Aznar, Zapatero y Rajoy también concentraron animadversión intensa en su momento, y que aquello no derivó en nada. La conclusión que se extrae de ese repaso es que el deseo de muerte de un presidente no es nuevo, sino recurrente, y que suele quedar en nada.
Frente a esa lectura, otra corriente sostiene que el rechazo a Pedro Sánchez es de otra magnitud. «Pedro es mucho más odiado», se afirma sin más apoyo que la percepción. El material no aporta encuestas ni datos que permitan comparar intensidades, de modo que la afirmación queda como opinión.
Deseos alternativos: enfermedad, calvicie y muñecos
La conversación derivó hacia un catálogo de deseos alternativos que dice bastante del tono general. Algunos propusieron una enfermedad larga, dolorosa y degenerativa en lugar de la muerte. Otros optaron por la calvicie como castigo. Un participante confesó llevar el nombre de Feijóo en un zapato y el de Sánchez en el otro, para ir pisándolos a cada paso. Y otro anunció la búsqueda de un muñeco del presidente para colgarlo del árbol. El deseo original quedó reducido a anécdota dentro de una competición de ocurrencias.
El deseo de que gobierne la izquierda para que sufra la derecha
Uno de los giros más llamativos del material llegó cuando un participante declaró tener más ganas de ver sufrir a quienes le encerraron y le aplicaron tratamientos experimentales que de ver morir al presidente. Su conclusión: esa gente merece cuatro u ocho años más de socialismo sanchista para que no deje piedra sobre piedra. El argumento invierte la lógica del deseo original y convierte el castigo político en una condena colectiva.
La pelea por el sectarismo y el cierre en falso
Buena parte del tramo final se consume en un intercambio sobre quién es el sectario. Un lado acusa al otro de tener el cerebro lavado por votar a determinados partidos; el otro responde que quien no acepta que se piense distinto es precisamente el sectario. La discusión se enreda en diagnósticos psiquiátricos de aficionado y en acusaciones de manipulación. Nadie cambia de posición. El deseo de muerte que abrió el asunto queda enterrado bajo una pelea de vecindario.
Al final, la tarjeta sigue siendo lo que era: un papel colgado de un abeto oficial. Si alguien esperaba que aquello anunciara algo, tendrá que esperar sentado.