Boyero llama «avejentada» a Jodie Foster y desata la polémica
¿Puede un crítico de cine decir que una actriz está avejentada sin que se le caiga el pelo? Es lo que se ha preguntado medio internet después de que Carlos Boyero publicara un comentario en redes en el que aseguraba que Jodie Foster «está como avejentada» y que incluso hay planos en los que la maquillan «para que esté más fea». El tuit, reproducido por un tercero, ha generado un alud de reacciones que van desde la defensa del oficio de crítico hasta el ataque frontal a la persona. Y en medio, una pregunta incómoda: ¿por qué nos molesta tanto que alguien diga en voz alta lo que todos pensamos sobre el paso del tiempo?
La respuesta no es sencilla. El comentario de Boyero no es un análisis cinematográfico al uso, sino una observación sobre el físico de una actriz que lleva medio siglo en pantalla. Para algunos, eso es parte del trabajo: los actores viven de su imagen y cualquiera puede opinar sobre lo que ve. Para otros, es una falta de respeto innecesaria, sobre todo viniendo de alguien que tampoco está en su mejor momento físico. La discusión, como casi siempre, deriva hacia terrenos más pantanosos.
El crítico que no se calla
Carlos Boyero no es un crítico cualquiera. Lleva décadas ejerciendo en El País y se ha ganado a pulso una reputación de francotirador. En 2008, un grupo de cineastas —entre ellos Víctor Erice, José Luis Guerín y Miguel Marías— firmó un manifiesto en su contra por su cobertura del festival de Venecia, donde, según los firmantes, se dedicó a denostar la mayoría de las películas sin medida. No es la primera vez que su estilo genera polémica, y probablemente no será la última.
Esa fama de crítico sin filtros es la que ha alimentado el fuego. Hay quien sostiene que Boyero simplemente hace su trabajo: decir lo que piensa sin plegarse a las modas. Otros, en cambio, ven en sus comentarios una mezcla de amargura y ganas de provocar. La frase sobre Jodie Foster no es un caso aislado: forma parte de un patrón de declaraciones que buscan el titular fácil.
Jodie Foster, una carrera marcada por el físico
Jodie Foster empezó en el cine siendo una niña. Su papel en Taxi Driver la convirtió en un icono precoz, y desde entonces ha construido una carrera sólida con títulos como El silencio de los corderos. Su físico siempre ha estado bajo escrutinio, primero por su juventud y luego por su
envejecimiento. Ahora, algunos consideran que su aspecto ya no es el de antes. La pregunta es si eso importa.
En el mundo de la interpretación, el físico es una herramienta más. Los actores y actrices se someten a juicios constantes sobre su apariencia, y no siempre son justos. En el caso de las mujeres, la presión es mayor: se espera que se mantengan jóvenes más allá de lo razonable. Foster, que siempre ha sido una actriz de carácter, no ha escapado a esa dinámica.
La polémica sobre el envejecimiento en el cine
El comentario de Boyero ha reabierto un debate recurrente: ¿cómo se trata el envejecimiento en la industria del cine? Las actrices mayores tienen menos papeles y, cuando los tienen, a menudo se las maquilla para parecer más jóvenes o más viejas según convenga. En el caso de Foster, algunos señalan que su personaje en la serie True Detective la muestra avejentada a propósito, lo que alimenta la discusión sobre si el comentario de Boyero es una crítica al maquillaje o a la actriz.
Hay quien defiende que el crítico tiene derecho a opinar sobre lo que ve, incluso si es desagradable. Otros creen que ese tipo de comentarios contribuyen a una cultura que valora a las personas por su apariencia y no por su talento. La línea entre la crítica legítima y el ataque personal es difusa, y cada uno la dibuja donde quiere.
El papel del crítico y la libertad de expresión
La figura del crítico de cine ha cambiado mucho. Antes, su palabra era casi ley; ahora, cualquiera puede opinar en redes sociales. Boyero representa un modelo antiguo, el del crítico que no se casa con nadie y dice lo que piensa sin importarle las consecuencias. Ese modelo tiene defensores y detractores.
Para algunos, la libertad de expresión incluye el derecho a decir cosas desagradables. Para otros, esa libertad no exime de la responsabilidad de no herir gratuitamente. En el caso de Boyero, la balanza se inclina hacia la provocación. Su comentario sobre Foster no aporta nada a la crítica cinematográfica, pero sí genera ruido. Y el ruido, a veces, es lo único que queda.
Al final, la discusión sobre si Jodie Foster está avejentada o no es una cortina de humo. Lo verdaderamente interesante es por qué nos sigue importando tanto. Quizá porque todos envejecemos y ver a nuestros ídolos envejecer nos recuerda que nosotros también lo haremos. O quizá porque, en el fondo, nos encanta un buen drama. Lo que está claro es que Boyero ha conseguido lo que quería: que hablemos de él. Y eso, en su oficio, es un éxito.