Facturar 150.000€ como autónomo y quedarse con 40.000€
¿Cuánto queda de 150.000 euros facturados cuando Hacienda, la Seguridad Social y los proveedores pasan la mano? La respuesta que da un
autónomo que dice haber trabajado 10 horas al día, seis días a la semana y con solo dos semanas de vacaciones al año es contundente:
unos 40.000 euros netos. El resto se reparte entre IRPF, IVA, cuota de autónomos y tributos autonómicos y municipales. Su conclusión —«mejor que trabajen ellos y los políticos»— ha abierto un cruce de reproches sobre si el problema son los impuestos o las cuentas mal hechas.
El desglose que desata la polémica
El planteamiento inicial es una lista de restas: 150.000 euros de facturación, 20.000 en proveedores, entre 6.000 y 8.000 anuales de Seguridad Social, un IRPF que el autor sitúa «cerca del 50%», un IVA del 21% y otros impuestos autonómicos y municipales. Con ese cóctel, calcula que le quedan
40.000 euros netos como mucho. La comparación que lanza a continuación —Mossos d'Esquadra y bomberos ganan eso trabajando 35 horas semanales y con casi tres meses de vacaciones— convierte el hilo en un ajuste de cuentas con el sector público.
La primera respuesta técnica llega rápido: el IVA no es ingreso del autónomo, es recaudación para el Estado. Si en los 150.000 facturados va incluido el IVA, la facturación real sin ese tributo ronda los 120.000. A partir de ahí, el beneficio bruto exige descontar todos los costes operativos, no solo los proveedores. Y el IRPF va por tramos: nadie paga el 50% por 40.000 euros netos. El tipo efectivo, según algunos cálculos que circulan en el hilo, quedaría bastante por debajo del 30%.
¿Cuánto paga realmente un autónomo en España?
La discusión deriva hacia la estructura fiscal. Un participante recuerda que los autónomos tributan por tramos de rendimientos igual que los asalariados, con un tipo marginal del 45% entre 60.000 y 300.000 euros. Otro apunta que la Seguridad Social del autónomo es desgravable y que, según el volumen, puede convenir constituir una sociedad y tributar por el Impuesto de Sociedades. La comparación con el asalariado también aparece: para embolsarse 40.000 netos, un trabajador por cuenta ajena tendría que cobrar alrededor de 60.000 brutos y generar más de 90.000 para la empresa.
El hilo se llena de experiencias dispares. Un autónomo con cuatro empleados declara 550.000 euros de facturación anual y un beneficio de 73.000 euros tras pagarlo todo. Otro recuerda que en su empresa se factura por su trabajo a 100 euros la hora y que a él le queda bastante menos. La conclusión que se repite: facturar no es ingresar, y el beneficio no es la diferencia entre facturación y gastos evidentes.
La tesis del dinero que no se genera
Una de las derivadas más singulares del hilo es la discusión sobre qué significa «generar» dinero. Un participante sostiene que los agentes del mercado no producen moneda, sino que la usan como medio de intercambio y le otorgan valor: quien fabrica muebles y los vende por 100.000 euros ha generado muebles, no euros. La moneda, argumenta, la crean los bancos centrales y las entidades financieras al conceder crédito. Es una vuelta de tuerca al planteamiento inicial: el autónomo no genera los 150.000, los canaliza.
Frente a esa tesis, la respuesta más terrenal es que el problema no es metafísico sino de modelo de negocio. Si con 150.000 de facturación y jornadas de 10 horas quedan 40.000, quizá el margen esté en otra parte: subir precios, reducir costes, cambiar de actividad o constituir una sociedad. La crítica más repetida al autor del planteamiento es que confunde facturación con beneficio y que su queja, más que fiscal, es de gestión.
El cierre: dejar de remar
El desenlace del relato es una decisión personal: el autor afirma haber dejado de trabajar para no pagar esos impuestos y dice disfrutar ahora del tiempo libre. Es la versión individual de un fenómeno más amplio que recorre el hilo: la sensación de que el esfuerzo no compensa y de que el sistema penaliza al que produce. Si eso es una anomalía o una excusa, cada cual saque su conclusión. Lo que no admite discusión es que 150.000 euros facturados dan para muchas menos cenas de las que sugiere el número.