UNIR entra en el hilo y pide saber en qué título da clase
Alguien pega el tuit de la universidad en mitad de la conversación y el tramo se reordena alrededor de una pregunta que no va de videojuegos: si el señalado trabaja ahí y, si trabaja ahí, qué pasa con su puesto.
30 mensajes del 18 de septiembre y ni un documento nuevo. Capturas, un vídeo y mucha cuenta de la vida ajena.
Qué se ha sabido
Lo que entra al hilo son dos piezas pegadas. La primera es el tuit de UNIR, que llega íntegro al hilo:
La segunda es un vídeo. Primero alguien se queja de que nadie lo ha subido, y acaba colgado en el mismo tramo:
Aparte de eso, cero papeleo. Sigue sin haber expediente, sin denuncia y sin comunicado nuevo. Lo que hay es un tramo de
30 mensajes con dos cifras personales que se usan como argumento: un participante dice ser jefe de un equipo de
12 mujeres y calcula que en un entorno así un hombre dura «centésimas»; otro resume una hipotética queja interna en
tres despachos y cuatro cafés. Y alguien anota el asunto en su «Cuaderno de cosas que me importan una puta mierda. Vol. III». Va por el tercer volumen.
Dónde está la bronca
El hilo se parte en cinco frentes que apenas se hablan entre sí.
El primero es el judicial. Un participante sostiene que, si la afectada se ha sentido ofendida, lo que toca es plantear una querella por injurias y dejar de mover a sus seguidores contra el puesto de trabajo del otro. Le responden que quien insulta se expone y que la responsable no es la ofendida.
El segundo es la autocensura. Aquí vuelve el bloque que ve teatro en todo: para uno de ellos, el asunto es un montaje pensado para que la gente se calle. Otro lo formula así: si todos tragan, los que ganan son los malos, y hoy es esto y mañana será otra cosa, con cada vez menos margen para hablar.
El tercero es el coste. Hay acuerdo amplio en que el señalado se pasó y desacuerdo en el precio. Uno pide que lo echen por cateto; otro da por hecho que se queda sin trabajo; y enfrente aparece el argumento de la desproporción: que un insulto de escala baja no justifica destruirle la vida a nadie, y que si el insulto hubiera ido al revés, más de uno se habría reído.
El cuarto es la duda sobre el cargo. Un forero se fija en las faltas de ortografía y pregunta cómo alguien así puede ser profesor de universidad. Otro va más allá y desea que el nombre sea falso, para que no haya a quién despedir.
El quinto es la apariencia, otra vez. Alguien reclama ver el vídeo para juzgar el físico; otro pide que se dejen de llamar rara a la gente y sostiene que la creadora ni tiene fotos en Twitter ni enseña la cara fuera de los videojuegos. Es el eje que estos mensajes traen más crudo, y con una vuelta: se ataca a quien actúa normal, dice, y eso hace un flaco favor a quienes critican ciertas actitudes. Un comentario aislado mete además el origen del señalado como condición para que la cosa cambie. Y otro suelta una comparación con un imitador de un expresidente cargado de joyas venezolanas: no viene a cuento y no trae fuente.
La experiencia de un profesor asociado
El mensaje más raro del tramo lo firma alguien que dice ser docente asociado y jefe de equipo. Cuenta que se lleva bien con sus compañeras, que le tienen por personaje entrañable, y que eso duraría lo que tardara en decir algo que chirriara: entonces, calcula él, tres cafés y cuatro despachos y a la calle. Su lectura es que el señalado se creía con poder y no lo tiene. Le contestan que llamar a alguien según qué cosas no es crítica, es pasarse.
Qué cambia respecto a antes
Cambia el eje. En el tramo anterior se discutía si aquello era delito o censura. Ahora la conversación se ordena por el empleo, y el tuit de la universidad deja de ser algo que se comenta fuera para circular dentro del hilo como pieza principal. La duda sobre el contenido del vídeo queda aparcada: el foco está en la nómina. Entran dos asuntos nuevos: la credibilidad del cargo, a cuenta de la ortografía, y la hipótesis de que el nombre sea inventado. La predicción que se lanza aquí es corta: que se queda sin trabajo. Nadie trae nada que lo confirme. El hilo termina con la cuenta anotada en un cuaderno y sin resolver nada.