Arde un centro de refugiados en Países Bajos con 15 dentro
Un incendio ha arrasado un centro de acogida de solicitantes de asilo en Países Bajos. En el interior había 15 personas cuando se declaró el fuego, presuntamente intencionado. El suceso, del que todavía no hay responsables confirmados, ha reabierto de golpe la fractura europea sobre migración.
La fractura que nadie apaga
Las reacciones no se han hecho esperar, y dibujan un retrato incómodo. Una corriente sostiene que la violencia no resuelve nada y que el único terreno donde se juega la política migratoria es el electoral: la respuesta se construye en las urnas y en las leyes, no en la gasolina. Enfrente, otra corriente muestra una hostilidad explícita hacia los ocupantes, entre la criminalización y la satisfacción por el siniestro.
La anécdota que mejor resume el clima es la comparación con las iglesias. Hay quien ironiza con que habrá sido “una colilla mal apagada”, la misma explicación recurrente en incendios de templos. Otros van más lejos y proponen un experimento mental: si ardiera el Parlamento con los políticos dentro, ¿alguien lloraría por el edificio? La respuesta implícita es que la culpabilidad colectiva justifica cualquier cosa.
Mientras unos lamentan los daños materiales del inmueble, pocos preguntan por el estado de las 15 personas que estaban dentro. Esa asimetría entre el patrimonio y las vidas dice más de la deriva del debate migratorio que cualquier estadística de llegadas. La investigación tendrá que determinar quién prendió fuego; la pregunta incómoda es quién alimenta el odio para que otros lo enciendan.