Suecia multiplica sus multimillonarios y no hay revuelta
Suecia tiene más multimillonarios en dólares per cápita que Estados Unidos y, sobre el papel, motivos de sobra para estar indignada. No lo está. El país escandinavo figura entre los europeos con mejor disposición hacia la economía de mercado y hacia quienes acumulan patrimonio, un dato que desmonta la tesis del financiero Ruchir Sharma, que en el
Financial Times avisó de que el aumento de grandes fortunas podía desembocar en una revuelta anticapitalista.
La cifra que suele citarse, 45 multimillonarios, procede de la lista Forbes. Para el debate político importa otra:
32 multimillonarios en dólares residen en Suecia y 13 viven fuera. Aun con el ajuste, la proporción sueca supera a la estadounidense. La pregunta interesante no es cuántos hay, sino por qué el país que fue escaparate del socialismo democrático ha dejado de mirarlos mal.
De la fuga de empresarios al regreso del capital
Durante décadas, los impuestos confiscatorios sobre el capital y las amenazas de socialización empujaron fuera del país a empresarios de éxito. Se llevaron sus empresas, su dinero y sus ideas. El caso más citado es el fundador de IKEA, Ingvar Kamprad, que abandonó Suecia ante la presión fiscal y los fondos para asalariados. El resultado fue menos crecimiento, menos empleo y menos prosperidad.
El Parlamento sueco reaccionó por unanimidad:
en 2004 eliminó los impuestos de sucesiones y donaciones y unos años después hizo lo propio con el impuesto sobre el patrimonio. La intención declarada era facilitar el traspaso de empresas familiares y animar a los empresarios a volver. Volvieron algunos, pero el efecto decisivo fue otro, menos visible entonces: los que ya estaban dejaron de irse. Empezaron a desarrollar sus compañías, lanzar proyectos e invertir en Suecia en lugar de buscar refugio fiscal.
¿Por qué el mercado sueco se ha vuelto la envidia de Europa?
Porque el dinero encuentra dónde colocarse. El mercado de capital riesgo sueco opera a escala global y el país se ha convertido en referencia para la Comisión Europea y la OCDE, que buscan replicar un mercado de capitales más amplio capaz de financiar empresas exitosas. El
Financial Times tituló el año pasado que la bolsa sueca se había convertido en la envidia de Europa.
Los números sostienen el relato: en la última década
501 empresas han salido a bolsa en Suecia, más que las salidas a bolsa sumadas de Francia, Alemania, Países Bajos y España. Según el Banco Europeo de Inversiones, Estocolmo ocupa el segundo puesto mundial en empresas unicornio per cápita, solo por detrás de Silicon Valley. Un país de diez millones de habitantes colocado por delante de potencias mucho mayores.
Los suecos y sus ricos: encuestas que contradicen el guion
Dos encuestas de Ipsos MORI en Suecia, recogidas en un artículo de la revista británica
Economic Affairs, muestran actitudes hacia los ricos mucho más positivas que en España, Francia, Alemania o Italia. En cuanto a la economía de mercado, solo Polonia supera a Suecia entre los países europeos analizados.
Solo el 32% de los suecos cree que los ricos deberían pagar impuestos muy altos.
El dato se afila al mirar por tramos de renta: entre quienes ingresan menos de 300.000 coronas al año, un 47% rechaza que la carga sobre los ricos sea excesiva, frente a un 37% que sí la subiría. El Pew Research Center confirma la tendencia en su estudio global: Suecia y Polonia son los dos países con menor proporción de residentes que consideran la
desigualdad un problema.
El experimento socialdemócrata que ya nadie quiere recuperar
La historia larga ayuda a entenderlo. Suecia era uno de los países más pobres de Europa cuando
el 18 de junio de 1864 introdujo la libertad de comercio. Entre 1870 y 1970 vivió un crecimiento del PIB per cápita especialmente intenso hasta 1950. Después llegaron los largos gobiernos socialdemócratas, la radicalización gradual y las políticas contrarias a la empresa, con su punto álgido en los años setenta.
Hoy, los propios dirigentes socialdemócratas rechazan cualquier idea de recuperar los impuestos sobre la herencia o la riqueza. El experimento quedó atrás y el país se ha vacunado contra él. La discusión que queda abierta es otra: si ese modelo de capitalismo amable sobrevive a la presión migratoria, al envejecimiento y a la competencia fiscal de sus vecinos. Con estos mimbres, lo razonable es esperar más salidas a bolsa y más unicornios. Lo que no está escrito es cuánto dura la calma.