Por qué VOX y medio PP sostienen a Israel en Gaza
¿Por qué un partido que se presenta como azote de la inmigración descontrolada defiende a quien la multiplica? Esa es la paradoja que atraviesa el asunto desde octubre de 2023 y que un análisis frío deja al descubierto. Según los sondeos citados en el asunto, el
90% de los votantes de izquierda califica de genocidio lo ocurrido en Gaza; entre los votantes del PP la cifra baja al
60% y entre los de VOX apenas llega al
40%. La palabra no es neutral: es la línea que separa a la derecha moderada de la radical, y explica por qué PP y VOX la evitan con cuidado de notario.
La tesis: un genocidio multiplica la presión migratoria
El planteamiento de fondo es incómodo para quien lo sostiene. Si el objetivo declarado es frenar la llegada desordenada de migrantes, bombardear Gaza es la peor política migratoria imaginable: las familias que huyen de las bombas no se quedan a morir en casa, se convierten en refugiados. La destrucción de la Franja no cierra puertas en Europa, abre compuertas. Bajo esa lógica, los primeros interesados en exigir el fin de la masacre deberían ser precisamente quienes hacen bandera del control fronterizo. No lo son. Y ahí empieza el problema.
Hay quien responde que la coherencia no es exigible a un partido, solo la eficacia electoral. El cálculo es simple: sostener a Israel se ha convertido en pilar identitario de la derecha dura, y ese pilar moviliza más que cualquier análisis coste-beneficio sobre flujos migratorios.
El islam como enemigo común: la capa ideológica
La Fundación Disenso, think tank de VOX, publicó en octubre de 2025 un informe titulado «Las cinco guerras de Israel». Su autor,
Rafael Bardají —ex asesor de Aznar y vinculado a Steve Bannon—, elogia la gestión de Netanyahu y acusa a Pedro Sánchez, Emmanuel Macron y Keir Starmer de alimentar un «monstruo antisemita» y de «rendir Europa al islamismo». La lógica es binaria: Israel es el baluarte de Occidente frente al islam radical; quien critica a Israel se alinea con el enemigo civilizatorio.
Isabel Díaz Ayuso ha sido la más explícita. Durante las protestas contra la participación de un equipo israelí en La Vuelta ciclista, declaró: «Cuando tengamos un problema de islamización nos acordaremos de esto». Para la presidenta madrileña, defender a Israel no es derechos humanos, es inversión de futuro. Santiago Abascal ha acusado a Sánchez de «hablar como portavoz de Hamás» y enmarca el conflicto como guerra civilizatoria. La consecuencia es mecánica: cualquier condena a Israel es una concesión al enemigo.
Aznar, la Friends of Israel Initiative y la red internacional
José María Aznar fundó en 2010 la
Friends of Israel Initiative, un lobby internacional que se presenta como defensor del derecho de Israel a existir. El expresidente es su figura más visible y ha ejercido de puente entre el PP y las redes internacionales de apoyo a Israel. Su fundación, FAES, lleva años difundiendo análisis que justifican la política israelí y equiparan cualquier crítica con antisemitismo. Cuando Feijóo intentó un tono más moderado, Ayuso y Aznar le forzaron la mano.
No hay pruebas de financiación directa de Israel a partidos españoles, pero la sintonía ideológica es total: la influencia opera vía think tanks, viajes, foros internacionales y vínculos empresariales. En España, el eje de esa red se sitúa, según un participante, en
David Hatchwell Altaras, empresario y filántropo hispano-judío, expresidente de la Comunidad Judía de Madrid y descrito como mentor político de Ayuso; su grupo, Excem, ha obtenido contratos públicos millonarios, siempre según esa misma fuente. El respaldo no nace de la financiación, sino de una coincidencia de intereses que se retroalimenta.
El cálculo electoral: evitar la palabra genocidio
En el pleno del Ayuntamiento de Madrid de septiembre de 2025, Más Madrid y PSOE presentaron sendas propuestas para condenar el genocidio en Gaza. PP y VOX las tumbaron con su mayoría. El alcalde Almeida justificó el voto en contra acusando a la izquierda de «utilizar el sufrimiento del pueblo gazatí». La estrategia es consistente: no pronunciar la palabra, no dividir a la base.
El problema es que la base ya está dividida. Un 60% de votantes del PP y un 40% de los de VOX sí usan el término. La dirección prefiere no mirar ese dato. Y mientras tanto, el PP aparece fracturado entre los perfiles duros —Ayuso, Aznar— y los que, como Feijóo o Bonilla, piensan distinto pero callan y tragan.
La contradicción del patriota que supedita la soberanía
La objeción más repetida en el asunto no es moral, es de coherencia nacional. Un patriota que supedita los intereses de su población a los de un Estado extranjero tiene un problema de definición. ¿Cómo se presenta eso a unas elecciones? La respuesta que circula es que la preocupación por la inmigración funciona como coartada electoral y el verdadero motor es la adhesión a una narrativa ideológica que exige apoyar a Israel aunque contradiga los propios fines declarados.
Frente a eso se alza el argumento de la civilización: hay quien sostiene que apoyar a Israel es apoyar a la democracia frente a organizaciones armadas, y que la crítica a Israel es funcional a Hamás. Es la misma discusión de siempre con otro envoltorio.
Hamás, el Derecho Internacional y el paquete completo
La discusión derivó también hacia la naturaleza de Hamás. Una corriente del asunto sostiene que no es una organización terrorista, sino el resultado de unas elecciones internacionalmente reconocidas en 2006 y el brazo armado de un Estado palestino observador en la ONU desde 2012; llamarlo terrorismo sería, en esa lectura, un recurso propagandístico. La postura contraria recuerda los ataques del 7 de octubre de 2023 y sitúa ahí el origen de todo.
En medio, el reconocimiento de que ningún partido sale bien parado. Sánchez acierta ahora, según esta lectura, al ponerse del lado del Derecho Internacional, después de haber fallado en Ucrania. No hay que votar al PSOE por ello. Solo reconocer un acierto y constatar que la alternativa institucional sostiene lo insostenible.
Al final, la pregunta sigue en pie: si el pack completo incluye apoyar a Israel, ¿cuántos votantes lo compraron conscientemente y cuántos solo querían que les bajaran los impuestos?