La UE contempla racionar combustible y la AIE propone recortes
La Unión Europea ha dejado de hablar de eficiencia energética y ha empezado a hablar de seguridad nacional. El comisario de
Energía, Dan Jørgensen, advirtió de que los precios del petróleo y el gas no volverán a la normalidad aunque la guerra con Irán termine, y su departamento contempla medidas de racionamiento ante un shock energético duradero. La AIE ha puesto sobre la mesa un decálogo que incluye bajar los límites de velocidad en autopistas, extender el teletrabajo, restringir la circulación privada en grandes ciudades y evitar vuelos cuando existan alternativas. En paralelo, aerolíneas como Volotea y Ryanair han anunciado cancelaciones y alertan de posibles interrupciones de suministro de queroseno.
Qué dice exactamente el plan de la AIE
El documento que la UE ha hecho suyo no es una declaración de intenciones. Son diez medidas concretas para contener la demanda de carburantes en un escenario de tensión prolongada.
Reducir la velocidad en autopistas al menos 10 km/h, fomentar el teletrabajo allí donde sea posible, abaratar y reforzar el transporte público, limitar el uso del coche privado en grandes ciudades mediante restricciones vinculadas a la matrícula, impulsar el coche compartido y una conducción más eficiente. Para el transporte de mercancías, optimizar rutas y cargas. Para el GLP, reservarlo a usos domésticos esenciales como cocinar. Para la aviación, reducir vuelos cuando existan alternativas razonables.
La AIE sostiene que estas medidas son las más inmediatas y eficaces para reducir el consumo de gasolina y diésel. El foco está en el queroseno y el gasóleo, los dos productos que más preocupan en el mercado europeo.
No es una consigna climática, insiste el organismo: es una herramienta directa de seguridad energética.
Por qué Europa importa el 40% del combustible de aviación
Europa importa más del 40% del combustible para aviones para cubrir su demanda, y la mayor parte procede del Golfo. Ese dato, repetido en los análisis que circulan estos días, explica por qué las aerolíneas están siendo las primeras en moverse. Volotea ha cancelado vuelos entre abril y octubre. Ryanair ha alertado de una posible interrupción de suministro de combustible en mayo. Hay mensajes en el hilo que afirman que se han cancelado miles de vuelos para la misma semana de Semana Santa.
El último cargamento de queroseno para Europa llegaba el 9 de abril, según las informaciones que se manejan. A partir de ahí, el riesgo de vuelos cancelados este verano deja de ser una hipótesis.
El estrecho de Ormuz sigue siendo el cuello de botella por el que pasa buena parte de ese suministro, y cualquier cierre o bloqueo tiene efecto inmediato sobre los precios y sobre la disponibilidad.
El Peak Oil de 2018 y la guerra por los últimos recursos
Hay una corriente de análisis que sitúa el origen de todo esto mucho antes de la guerra de Ucrania. Sostiene que el pico de producción petrolera mundial se alcanzó en 2018, que el de Estados Unidos llegó en los años 70, y que lo que estamos viendo desde 2022 —guerras por la energía, cortes de suministro, tensión en el estrecho de Ormuz— es la consecuencia lógica de un mundo con menos margen.
Cuando hay menos que repartir, empiezan las hostias, resume una de las posturas más repetidas.
En contra pesa un argumento difícil de rebatir: hay quien sostiene que las reservas de petróleo no han dejado de subir desde que se popularizó la palabra «peak oil», y que las guerras por el control de recursos se llevan dando desde hace un siglo, cuando ni siquiera existía el término.
Hubbert, Meadows y los límites del crecimiento son, para otra parte del análisis, malthusianos que llevan décadas equivocándose. La discusión, en cualquier caso, no es académica: afecta a si esto es un bache o un cambio permanente.
Teletrabajo obligatorio, coches pares e impares y el precedente de los 70
La medida que más rechazo genera en el ámbito laboral es el teletrabajo. Las empresas se resisten a generalizarlo, y muchos trabajadores lo eligen como criterio para decantarse por una empresa u otra. Si la UE lo empuja como obligatorio, el choque está servido. En los años 70 ya se vieron gasolineras cerradas en Alemania y restricciones de circulación por matrículas pares o impares.
No han inventado nada, apuntan desde esa lectura: están recuperando el manual de la crisis del petróleo.
El comisario Jørgensen ha sido claro: los precios energéticos serán «más altos durante mucho tiempo». La UE no está ante un escenario de racionamiento formal, pero sí ante la necesidad de contener una tensión que ya se traslada al diésel, al queroseno y a otros refinados. La pregunta no es si habrá medidas, sino cuánto tardarán en ser obligatorias.
Qué pasa con los pisos turísticos y los vuelos baratos
Hay un efecto colateral que nadie había metido en las previsiones: el fin del vuelo barato como derecho adquirido. Si viajar en avión vuelve a ser un lujo, los pisos turísticos comprados a precios inflados para alquilarlos por noches de fin de semana pierden parte de su lógica económica.
Airbnbs en ciudades dormitorio, pisos con aluminosis y materiales baratos que, según el cálculo que circula en el hilo, se compraron un 500% por encima de lo que valen. El turismo de proximidad —pueblo, playa cercana— sustituye al viaje al quinto coño.
La otra cara es la movilidad cotidiana. Si el coche privado se restringe en grandes ciudades y el teletrabajo se generaliza, el mapa de dónde vive la gente y dónde trabaja puede moverse más en dos años que en las dos décadas anteriores.
No volveremos a la normalidad, dice Bruselas. La pregunta es qué normalidad queda.
Con estos mimbres, la UE tiene sobre la mesa un paquete que toca velocidad, trabajo, vuelos y cocina. ¿Cuánto tardará en dejar de ser una recomendación y convertirse en decreto?