¿Quién decidió qué libros forman el Nuevo Testamento?
La formación del canon bíblico no fue un proceso divino automático, sino una decisión humana que genera escepticismo en muchos. La figura de Atanasio, obispo de Alejandría en el siglo IV, es clave: su carta festiva del año 367 incluyó por primera vez los 27 libros que hoy conocemos como Nuevo Testamento. Pero, ¿por qué deberíamos aceptar su autoridad? Críticos señalan que Atanasio no fue profetizado ni tenía mandato divino explícito; simplemente aplicó criterios como origen apostólico, uso litúrgico y coherencia doctrinal. El debate se intensifica al recordar que desconocía manuscritos posteriores como los de Nag Hammadi o Qumrán.
Los criterios de Atanasio: ¿arbitrarios o necesarios?
Los partidarios de la tradición católica argumentan que la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, tiene la autoridad para definir el canon. Señalan que el mismo Jesús prometió estar con sus apóstoles hasta el fin del mundo (Mateo 28), y que la Iglesia, a través de concilios y padres, ha discernido los textos inspirados. Un defensor menciona que el Concilio Vaticano II dedicó tres años de debates con 2.800 obispos y 7.000 asesores para resolver temas de inspiración e inerrancia bíblica. Para ellos, dudar de Atanasio es caer en el escepticismo radical que lleva al gnosticismo o al marxismo.
La postura escéptica: ¿dogma de fe sin fundamento?
Frente a esto, una corriente crítica sostiene que Atanasio, Eusebio o Tertuliano no tenían autoridad para determinar qué debía creerse. Se les acusa de actuar según sus propios intereses y de excluir libros para contentar a la mayoría de su época. La pregunta es incómoda: ¿qué pruebas tenemos de que no fueron simples mortales al servicio de un régimen eclesiástico? Para estos escépticos, el canon es un constructo humano que la Iglesia elevó a dogma por ignorancia o conveniencia.
El intercambio de argumentos deja en el aire una cuestión central: la confianza en la transmisión de la Revelación depende de una cadena de autoridad que, para muchos, no se sostiene por sí misma. El análisis de los criterios de Atanasio y la respuesta de la tradición siguen enfrentados sin consenso definitivo.