24 de septiembre: así se fabrica una profecía en serie
El 24 de septiembre iba a ser el día. 7 años de tribulaciones, 100 shofares sonando desde Jerusalén y un asteroide anunciado para la víspera. Nada de eso ocurrió. Pero la maquinaria que lo difundió no se detuvo: es un ejemplo de cómo la inteligencia artificial convierte el fin del mundo en un producto de consumo seriado.
La fecha circulaba como un aviso: el 23 caería Nibiru y el 24, por primera vez en 3.000 años, las trompetas del Apocalipsis inaugurarían una década de sufrimiento. El evento estrella era la transmisión en vivo de cien shofares desde el Monte del Templo. No hubo ni un solo sonido que cambiara el curso del mundo.
La factoría que fabrica milagros
Lo interesante no es la profecía, sino el taller donde se fabrica. El canal que difundió la fecha fue dado de alta a finales de diciembre de 2023 y acumulaba 680 vídeos: una media de dos publicaciones diarias. El contacto comercial remitía a un nombre genérico y un número de canal, el 31. No es un detalle menor: esa numeración sugiere decenas de canales idénticos operando en cadena, con un modelo de ingresos claro a partir de visitas.
Las cifras ayudan a entender el negocio. Con 10 millones de visitas, el canal habría generado unos 10.000 dólares por publicidad. Si el mismo responsable maneja 31 canales, la rentabilidad estimada supera los 310.000 dólares. La cuenta sale con los cien shofares de fondo: el fin del mundo, visto así, es un nicho de mercado.
- Canal creado en diciembre de 2023: 680 vídeos en año y medio.
- Producción media: dos vídeos diarios.
- Estimación de ingresos: 10.000 dólares por canal, 310.000 dólares con 31 canales.
La IA como bestia apocalíptica
La cuestión de fondo no es la fecha, sino la herramienta. Hay quien sostiene que la IA es la gran manipuladora: genera vídeos que citan a Ezequiel, Zacarías o Daniel y los presenta como cumplimiento de profecías, desviando la lectura literal de los textos. Otros van más lejos y la identifican con el Anticristo, un término que resuena con especial fuerza en los círculos escatológicos. Y en medio queda el negocio puro: guiones automáticos, voces sintéticas y un calendario de conspiraciones fabricado para cada mes, con tres pausas publicitarias para cobrar el cheque.
La ironía es que el propio profeta de la fecha terminó absuelto por los hechos: la predicción del asteroide para el 23 quedó como otra anécdota de un calendario saturado. Pero la fábrica no cierra. El relato muta hacia el Tercer Templo, el Monte de los Olivos y la figura del katejon, ese que frena la llegada del Anticristo y que ahora, según se dice, estaría facilitándola. Cada nuevo vídeo encuentra un pasaje bíblico que encaja.
Lo que queda después del 24
La interpretación más caritativa es que la fecha era errónea. La más cínica, que todo era un montaje. La realidad observada apunta a lo tercero: una industria de contenidos que aprende de sus fracasos y reprograma el calendario. Ya hay quien espera la siguiente fecha con la misma ansiedad consumista con la que se espera el estreno de una temporada. La diferencia es que esta serie se anuncia como verdad revelada y se cobra en publicidad.
Con estos ingredientes, la profecía de los 7 años no ha muerto: se ha adaptado. La próxima fecha llegará. Y la IA, con su voz robótica y sus imágenes de archivo, estará lista para venderla. Mientras, los creyentes esperan; los escépticos, miran el contador de visitas. Y en algún lugar, un canal con decenas de clones sigue fabricando fin del mundo.