Montar un PC gamer por 375 euros frente a los portátiles
¿Tiene sentido comprar un ordenador de sobremesa por piezas cuando todo el mundo habla de portátiles y tabletas? En abril de 2014 la respuesta se materializó en una lista de la compra de
375 euros repartida entre dos tiendas de componentes. El equipo: un Athlon II X4 760K de cuatro núcleos a
4,1 GHz con multiplicadores desbloqueados, una Gigabyte HD 7770 OC, placa FM2+ con chipset A88, 4 GB de DDR3 a 1866 MHz, un Seagate Barracuda de 1 TB a 7200 rpm y 64 MB de caché, y una fuente Arctic Fusion de 550 W con certificación 80+ que costó
40 euros. Todo nuevo, montado a mano y por debajo de los 400 euros.
La lógica del comprador es la de quien no quiere volver a pasar por caja: no piensa ampliarlo y, cuando el socket quede viejo, cambiará micro, placa y memoria de golpe.
Si acaso un SSD y ya.
¿Por qué se sigue comprando un sobremesa si todos usan portátil?
Para una parte de la conversación, juntar las palabras nuevo y ordenador era cosa del siglo pasado: el futuro serían portátiles, tabletas y móviles. La contrarréplica llegó rápida. Precisamente porque la mayoría compra esos aparatos, los componentes de gama alta se hunden de precio, y quien monta por piezas se aprovecha. A un portátil apenas se le puede cambiar nada, la reparación sale cara y muere antes; a una torre se le mete una gráfica nueva y sigue tirando.
Hay un matiz que conviene no perder. Un i7 de portátil no rinde como un i7 de sobremesa, y con las gráficas y las memorias pasa lo mismo: en un chasis fino y mal ventilado no cabe lo que cabe en una caja grande. La matización la puso quien defiende el portátil: los de gama profesional, con el ventilador limpio y la pasta térmica cambiada cada tres años, pueden estirar hasta diez años de vida. La mala fama de las reparaciones, según esta misma voz, viene de ciertos talleres, no de los equipos.
¿Cuánta RAM necesita un PC que también juega?
La primera cifra que apareció fue contundente: 16 GB para jugar «como Dios manda», y el argumento era que Minecraft está hecho en Java y devora memoria a espuertas. Frente a eso se levantó un análisis más técnico: la RAM solo transporta las órdenes del micro a la placa, y 4 GB de DDR3 a 1866 MHz equivalen a 22,5 GB de DDR a 333. Si el sistema se queda corto, además, la HD 7770 prestaría su GB de GDDR5. Poner 16 GB a un Athlon X4 sería, en esa lectura,
construir una autopista de 16 carriles para un solo coche.
Hubo quien pidió 8 GB como mínimo porque algunos juegos no arrancan si detectan menos. El equipo se quedó, sin embargo, con cuatro.
El SSD, el componente que apareció después de la compra
La recomendación más repetida no llegó a tiempo: sin SSD no se aprovecha nada, hay un antes y un después. El comprador lo dejó para el mes siguiente, junto a un monitor BenQ Full HD de 24 pulgadas, y prometió que entonces
esto lo peta. El testimonio que más ayudaba venía de un uso nada jugón: gráfica integrada, 16 GB de RAM y el SSD como única gran mejora, porque recuperar de la hibernación pasó de tardar a ser un suspiro. Otros preguntaban si los discos híbridos con memoria flash bastaban.
¿Por qué la HD 7770 se queda corta con los juegos de nueva generación?
En agosto de 2014 el propio comprador rebajaba el entusiasmo: los juegos recientes iban justos en ultra. Battlefield 4 se movía bien pero con la tarjeta al límite, y Call of Duty Black Ops 2 a 60 fotogramas por segundo sin despeinarse. Reconoció que debió pillar una gráfica más potente. La alternativa de moda era la GTX 660, por unos 130 euros y sin que el micro se queje; la R9 270X dobla el rendimiento de la HD 7770, lleva 1.280 núcleos Stream y supera en un 30% el motor gráfico de la PS4. Con una GTX 760 el Athlon ya suda, y el salto pasaría por Kaveri.
¿Merece la pena una placa que admita un i5 o un i7 futuro?
Otro de los que pedían consejo quería un i3 por menos de 100 euros, una gráfica de 100 a 120 euros mejor que la HD 5670 que arrastraba desde hacía cuatro años, y una placa preparada para subir a i5 o i7 más adelante. Los números que le dieron: la HD 7770 mejora un 158% el rendimiento de su HD 5670; el i3 sale más caro que un FX 6300 y rinde menos, y a Intel solo compensa ir cuando se busca gama muy alta. Con FX 4130, HD 7770 y SSD de 128 GB, el equipo se quedaba en 425 o 430 euros.
El 4K, mientras, quedaba fuera de toda quiniela: las binucleares más baratas para moverlo rondaban los 1.500 euros.
La conversación deja una idea repetida: el equipo se monta por poco dinero y admite mejoras, pero conviene instalar los drivers correctos nada más arrancar y asumir que los juegos más nuevos seguirán pidiendo más tarjeta gráfica.