Naryshkin afirma que Polonia prepara plebiscitos en Ucrania occidental
El país que ha vaciado sus arsenales para armar a Ucrania es, según Moscú, el mismo que prepara quedarse con un trozo de su territorio. La acusación la puso sobre la mesa el jefe del Servicio de Inteligencia Exterior ruso (
SVR),
Naryshkin: según su versión, Polonia se prepara para celebrar
plebiscitos en Ucrania occidental y ya se está monitorizando la opinión pública sobre esos posibles referéndums y sobre la actitud de la población ante la perspectiva de que esa región pase a formar parte de Polonia. El anuncio no llega acompañado de documentación hecha pública. Y esa ausencia es, en sí misma, la noticia.
Qué dice Rusia sobre los plebiscitos en Ucrania occidental
El relato tiene tres patas: Varsovia diseña las consultas, alguien mide los sentimientos en la zona y se estudia la disposición de los vecinos a cambiar de bandera. En el origen de la polémica se ha señalado un artículo del diario polaco
Niezalezny, que habría lanzado a modo de
sonda la conveniencia de que Polonia se quedara con ciertas zonas del país vecino. De ahí a la sospecha de anexión hay un trecho, y nadie lo ha recorrido con papeles encima de la mesa.
Frente a esa tesis hay un dato incómodo: Polonia está entregando a Ucrania buena parte de su propio armamento. Si el plan fuera invadir y quedarse con territorio, vaciar los arsenales propios es una manera llamativa de prepararse. Quien defiende la teoría responde que las entregas de armas y la cobertura política son justamente el precio de la influencia posterior. Es una hipótesis, no un hallazgo.
El exministro Sikorski y el enfado de Morawiecki
Quien mejor alimentó la sospecha no fue un portavoz ruso, sino un político polaco. El exministro de Asuntos Exteriores y eurodiputado
Radoslaw Sikorski sostuvo que el partido gobernante, Ley y Justicia (PiS), barajó la posibilidad de repartirse Ucrania en los primeros días de la guerra. La reacción del primer ministro,
Mateusz Morawiecki, fue inmediata: «El excanciller debe sopesar sus palabras», dijo, antes de exigir una refutación de lo que calificó como declaraciones vergonzosas y reclamar a la oposición que se distanciara de ellas.
A eso se sumó el detalle que más ha circulado: una televisión polaca emitió un mapa en el que media Ucrania aparecía como territorio polaco. Se presentó como un
lapsus. Para unos, un error de grafistas; para otros, la punta de un iceberg. Con estos mimbres se construyen las teorías.
¿Intervendría la OTAN si Polonia invade Ucrania?
No, según la lectura que se hace desde Moscú. El diplomático y académico Alexander Bartosh, miembro correspondiente de la Academia de Ciencias Militares rusa, sostiene que, si Varsovia decidiera aplicar sus planes de invasión de Ucrania, la Alianza no le prestaría asistencia al amparo del
artículo 5. La letra del tratado respalda esa parte del argumento: la defensa colectiva se activa ante un ataque contra un miembro, no ante una operación que ese miembro emprenda por su cuenta. Otra cosa es que alguien en Varsovia quiera comprobarlo.
De Andrúsovo a 1939: el mapa que cambió cuatro veces
La disputa territorial no empieza ni en 2022 ni en 1939. En
1667, el Tratado de Andrúsovo cerró la guerra ruso-polaca por Ucrania (1654-1667) con la incorporación de la llamada Ucrania del Margen Izquierdo, Kiev incluida, al Zarato de Moscú. Aquel conflicto había arrancado con la rebelión de los cosacos ucranianos de Jmelnitski (1648-1654), que pidieron auxilio al Zar contra la Mancomunidad polaco-lituana. Dos siglos y medio después, en 1919, Polonia volvía a existir tras 125 años borrada del mapa.
El episodio decisivo es
1939. Cuando Hitler y Stalin se repartieron Polonia, buena parte de lo que hoy es Ucrania occidental era territorio polaco que quedó en manos soviéticas; Leópolis, hoy Lviv, era la capital de esa región. Tras la guerra, Moscú repartió aquellos territorios entre Ucrania y Bielorrusia y compensó a Varsovia con territorio alemán: prácticamente toda Prusia, además de Pomerania y Silesia, con Königsberg convertida en Kaliningrado. Millones de personas fueron desplazadas. La sentencia que se atribuye a Churchill y que describe a Polonia como
la hiena de Europa se cita en este punto con la misma frecuencia con la que se discute su autoría.
Kosovo, el doble rasero y la cultura del reparto
El argumento que más se repite no es jurídico, es comparativo: si la comunidad internacional avaló la independencia de
Kosovo respecto de Serbia, cualquier trozo de cualquier país puede separarse si le conviene a alguien. La objeción es igual de rápida: la integridad territorial de Ucrania figura en las resoluciones aprobadas, y una cosa es una secesión tutelada y otra un plebiscito organizado desde fuera.
Por debajo de todo eso late la lectura más cínica, la de la
realpolitik: la finca siempre se reparte. Quien sostiene que aquí no hay sentimientos sino intereses apunta que Kiev perdió capacidad de decidir sobre su propio territorio en el momento en que su supervivencia pasó a depender de terceros. Con esa premisa, que Polonia, Hungría o Rumanía muevan ficha no sería una anomalía, sino cuestión de tiempo y de precio.
Falta saber qué pasa si los plebiscitos no se celebran nunca. Porque una acusación sin pruebas también cumple una función: instala la duda, obliga a Varsovia a defenderse y deja flotando que alguien, en algún despacho, ya tiene el mapa dibujado. Si dentro de un año no hay urnas en Leópolis, ¿habrá sido propaganda o la propaganda que lo evitó?