El protocolo de confinarse en un incendio, en entredicho tras Valencia
Una vecina bajaba por la escalera cuando se cruzó con el primer bombero que entraba al edificio. Él le indicó que volviera a su casa. Ella siguió bajando, se apartó y salió a la calle. Sobrevivió. Es el relato que circula en torno al incendio que devoró un edificio de
150 viviendas en el barrio valenciano de Nou Campanar, y que ha convertido una instrucción de manual —quedarse en casa, cerrar la puerta del baño, poner toallas húmedas— en el centro de una discusión incómoda. Cada nuevo testimonio suma a la misma duda: si el consejo de la autoridad puede matar más que el humo.
Qué les dijeron los bomberos a los vecinos
Los testimonios que se han difundido apuntan todos a la misma frase: que no había peligro, que podían quedarse. Una familia joven con dos bebés dio media vuelta y se encerró en el baño. Una grabación atribuida al padre, difundida después, insiste en que
no nos han dejado bajar y pide que se sepa. En una conversación de WhatsApp se repite ese mismo mensaje. Una pareja de edad avanzada fue hallada sin vida en su baño, junto a su perro.
Frente a eso, hay quien recuerda que no hubo orden alguna: se les dijo que
podían subir, y a nadie se le puso una pistola en el pecho. La distinción es fina. En medio de un siniestro, a quien tiene diez segundos para elegir entre el ascensor y la escalera le da igual que la indicación sea orden, consejo o recomendación.
El conserje que llamó puerta por puerta
Si no hubo decenas de muertos, sostiene un participante en el debate, fue por el portero. Fue él quien recorrió las viviendas avisando de que había que salir. La alcaldesa de Valencia lo describió en televisión como «una persona sencilla», un comentario que, según la lectura de un participante, buscaba restar peso a su testimonio. Resume bien el problema: el aviso que salvó vidas no salió de un protocolo, salió de alguien que conocía el edificio y sus escaleras.
¿Se puede desobedecer a un bombero durante un incendio?
No es una pregunta retórica. Las indicaciones de los servicios de extinción tienen recorrido legal, y desobedecerlas puede llegar a ser delito según la normativa que se ha traído a colación. El vecino queda así en un callejón sin salida: si obedece y muere, obedeció; si desobedece y sale bien, acertó por su cuenta; y si algo se tuerce, responde él.
De ahí la recomendación más sonada del hilo: bajar con un palo o un cuchillo grande para que te dejen pasar. Suena a broma. Lo firma alguien que se presenta como policía y que añade un detalle nada tranquilizador: si te da tiempo, trapo mojado.
La fachada que convirtió la escalera en una trampa
El fuego no subió por dentro. Subió por fuera, pegado a un revestimiento que ardió como yesca, y ese es el otro protocolo en cuestión: el de los materiales. Un edificio forrado con un aislante que arde es una trampa de la que nadie avisa a los propietarios. La comparación que se repite es el
Prestige —el barco que, según este relato, fue enviado mar adentro por el procedimiento en lugar de a puerto—, y con ella la sospecha de que el Código Técnico de la Edificación da por ignífugo lo que luego resulta no serlo. Es una afirmación sin confirmar, pero explica por qué el enfado no se queda en los bomberos.
Del COVID al incendio: el protocolo como escudo
La discusión se ha llenado de comparaciones con la pandemia: residencias, hospitales, certificados para viajar o para entrar en un bar. El punto en común es la desconfianza hacia la instrucción que baja de arriba y no admite preguntas. «El que te manda es tu enemigo», resume alguien. Enfrente está el argumento contrario: con la información disponible —nadie sabía que la fachada era un bidón—, seguir al profesional era lo razonable, y ajustar cuentas ahora es hacer leña del árbol caído.
Sobre el origen del fuego, nada cerrado. Circula la hipótesis de un toldo motorizado en un piso vacío, versión que otros descartan por inverosímil y que no cuenta con respaldo alguno.
Peticiones de dimisiones y responsabilidad civil
Pocas veces una discusión sobre burocracia llega tan lejos. Hay quien pide imputaciones, dimisiones y seguro de responsabilidad civil obligatorio para cualquier cargo público; quien exige que se llame a declarar al mando que dio la indicación; y quien recuerda que en España estas cosas rara vez acaban en algo. Los Reyes visitaron a los afectados y agradecieron el trabajo de los servicios de emergencia. Hasta donde se sabe, no consta que la fiscalía haya abierto diligencias.
Con esa fotografía, el titular más incómodo no es el del palo ni el del cuchillo. Es que quien avisó de que había que salir fue el conserje, y lo hizo sin protocolo ninguno.