La ayuda por catástrofe llega tarde, corta y con letra pequeña
Nadie ha cobrado el cien por cien de lo que perdió. Esa conclusión se repite al cruzar los balances de la DANA valenciana, el volcán de La Palma, Ceuta y los grandes incendios: la ayuda pública existió, se abonó y se quedó corta. El consorcio de seguros pagó por vehículo el
valor venal más un 20%, pero solo a quien tenía póliza; quien no la tenía, no vio un euro. En vivienda, el agujero fue todavía mayor.
Del consorcio al concesionario: la letra pequeña de las indemnizaciones
El mecanismo es conocido y siempre deja a alguien fuera. El
consorcio de seguros, gestionado por el ministerio de economía, indemnizaba los coches siniestrados aplicando el valor venal más un 20% de recargo, una fórmula que deja al propietario comprando un vehículo peor que el que tenía. Los sin seguro se quedaron directamente a cero.
En las viviendas el problema se multiplica, porque las pólizas de hogar cubren menos importe que el coste real de una rehabilitación. Muchas casas viejas o desocupadas no tenían seguro y no cobraron nada; las que sí lo tenían pasaron por el perito, y una parte de ellas
sigue sin arreglar. El resultado es un parque de viviendas dañadas que envejece mientras los expedientes se acumulan.
Quién puso el dinero que no puso la administración
Cuando el seguro no llega, aparece el bolsillo privado. La aportación más citada es la de
Juan Roig, con 6.000 euros por vivienda entregados de forma directa, y la de Amancio Ortega, canalizada a través del ayuntamiento en cuantías similares. Es beneficencia de empresa, no política pública, y así se ha vivido sobre el terreno.
Las ayudas para comprar un coche tampoco cuadraban: hasta
10.000 euros del Gobierno y 5.000 de la comunidad autónoma, pero con expedientes que seguían pidiendo papeles mucho después. El IVA de la compra hizo que más de uno pagara en impuestos más de lo que había recibido en subvención. Un negocio redondo para el concesionario, regular para el damnificado.
Los que siguen viviendo en una caseta de obra
El reloj de la reconstrucción corre a distinta velocidad según el territorio. Una parte de los afectados por el volcán de La Palma
continúa alojada en casetas de obra, una solución provisional que ya ha dejado de serlo. En Ceuta, en los incendios y entre las familias de los 44 fallecidos en los accidentes de tren se dibuja un patrón parecido: mucho gesto institucional, pocas compensaciones cerradas.
El caso de Maricarmen se usa como termómetro. Ni siquiera ella habría recibido la respuesta esperada, y ha tenido que ser una empresa privada, Urbagestión, la que le ceda una vivienda en lo que se describe como una obra de caridad. Mientras, la asociación de afectados por la DANA trabaja sin apenas visibilidad, menos política que la asociación de víctimas y, según su propio entorno, sin haber recibido compensación alguna.
La rifa benéfica cuyo rastro se perdió
Hay episodios que no se explican solos. Se recuerda una rifa organizada a beneficio de los damnificados del volcán de La Palma cuyo dinero recaudado, según la versión que circula, habría desaparecido sin que conste aclaración pública posterior. La acusación no ha tenido, hasta donde alcanza este relato, respuesta documentada.
Para la reconstrucción de bienes públicos —calles, infraestructuras, equipamientos— la carga recayó en la comunidad autónoma, la diputación y los ayuntamientos, con aportaciones cuya cuantía final nadie ha desglosado públicamente.
Si el patrón se mantiene, la próxima catástrofe volverá a resolverse con beneficencia privada, peritos lentos y afectados poniendo la diferencia. Prever que eso cambie es otra cosa.
Voces del asunto
- «Solo el consorcio de seguros (gestionado por el ministerio de economía) donde pagaban por coche el valor venial más el 20% para el que tenía seguro, el que no tenía nada»
- «Solo Juan Roig dio 6.000€ por vivienda directamente y Amancio Ortega a través del ayuntamiento otras tantas»
- «Al menos Los canarios del volcán una parte todavía sigue viviendo en casetas de obra»