La huelga educativa en los centros públicos de la Comunidad de Madrid arrancó el 14 de octubre de 2026 con un seguimiento del 70% según Comisiones Obreras y del 44,6% según la consejería de Educación. Cinco docentes consultados por EL PAÍS sostienen que la situación hace imposible prestar un servicio de calidad a los alumnos y describen su trabajo como un carrusel de bajas por ansiedad.
La fecha estaba marcada en rojo en todos los centros educativos públicos de la Comunidad de Madrid. El 14 de octubre de 2026 arrancaba la huelga, con una horquilla de seguimiento que va del 70% que estima Comisiones Obreras al 44,6% que reconoce la consejería de Educación. Esa distancia entre las dos cifras ya dice bastante sobre el clima en que se mueve el conflicto.
Qué dicen los docentes que secundan la huelga
Cinco de los miles de docentes que se han sumado a la protesta han explicado a EL PAÍS sus motivos. Marta Muñoz, José Serrano, Aroa Gil, Nacho Pecharromán y Mamen Prieto coinciden en un diagnóstico: la situación hace imposible prestar un servicio de calidad a los alumnos. Uno de ellos resume el día a día con una imagen dura, la de un trabajo convertido en un carrusel de bajas por ansiedad.
No es una queja aislada. La ansiedad como causa de baja laboral ha crecido en el conjunto del mercado de trabajo español en la última década, y el sector educativo no es ajeno a esa tendencia. Los testimonios apuntan a una mezcla de carga burocrática, ratios elevadas y falta de apoyos en el aula.
El pulso entre sindicatos y consejería
La diferencia entre el 70% de Comisiones Obreras y el 44,6% de la consejería no es un detalle menor. En cada huelga educativa, la medición del seguimiento se convierte en un campo de batalla político: cuanto más alta la cifra, más legitimidad para los convocantes; cuanto más baja, menos urgencia para negociar por parte de la administración.
Ese desacuerdo estadístico suele resolverse, cuando se resuelve, con datos de servicios mínimos y partes de incidencia que cada parte interpreta a su manera. Mientras tanto, las familias afectadas miran desde fuera sin saber muy bien a quién creer.
Un conflicto que va más allá del salario
La huelga educativa de Madrid no es solo una pelea por el sueldo. Los testimonios recogidos apuntan a una preocupación por las condiciones en que se desarrolla la enseñanza y por el impacto que esas condiciones tienen sobre la salud de quien está frente al alumnado.
Cuando un docente falta por ansiedad, el aula no se queda vacía: se cubre como se puede, con sustitutos que llegan tarde o con compañeros que asumen más horas. El coste de esa rotación no aparece en ninguna estadística oficial, pero lo pagan los alumnos y lo pagan los propios profesores que aguantan el tipo.
Si el malestar que describen estos docentes responde a un problema de salud mental, conviene recordar que solo un profesional sanitario puede valorarlo y orientar el tratamiento adecuado.