Vaca Muerta reabre el debate del petróleo abiótico
Un yacimiento capaz de superar toda la producción de Venezuela. La noticia, difundida por
elEconomista, ha bastado para reavivar la disputa geológica más vieja: ¿es el petróleo un fósil que se agota o un compuesto que la Tierra fabrica sin parar? La tesis del
petróleo abiótico vuelve al centro del tablero con Vaca Muerta como excusa. Y la respuesta no es académica: mueve precios, decide alianzas y marca hasta cuándo aguanta el modelo energético.
La tesis abiótica: torio, uranio y metano en Titán
Quien defiende el origen abiótico sostiene que el crudo no nace de dinosaurios ni de helechos comprimidos. Su versión más audaz sostiene que
el torio y el uranio se desintegran en el subsuelo, funden la roca y liberan gases —gas natural entre ellos— que una biosfera profunda y caliente transformaría después en petróleo y carbón, y que queda material radiactivo para
15.000 millones de años. Otra corriente más matizada admite que la mayor parte del crudo es biológico, pero que en determinadas circunstancias puede formarse de forma abiótica, aunque no a escala humana para 7.000 millones de adictos al petróleo.
El caso estrella es
Titán. La mayor luna de Saturno tiene mares de metano líquido, CH4, a temperatura de congelador. Allí no hubo dinosaurios ni helechos, y aun así hay hidrocarburos. La réplica llega con química elemental: el carbono es abiótico en todo el sistema solar y en Titán el oxígeno escasea, de modo que la molécula se forma con lo que hay. El mismo metano aparece en los gases volcánicos terrestres.
¿Por qué se perfora en horizontal en Vaca Muerta?
El segundo frente no es la teoría, es la técnica. Vaca Muerta es una formación de esquistos —lutita bituminosa— y de ahí no mana crudo ligero: exige fractura hidráulica y
perforación horizontal para arrancar algo. Ese detalle es, para los más críticos, la prueba del delito. Se argumenta que la perforación horizontal se aplica cuando un pozo entra en declive, cuando ya no rinde con la vertical de siempre. Traducido: se estaría rebañando agresivamente lo último que queda, con pan para hoy y hambre para después.
En julio de 2024, YPF anunció que había batido su récord de velocidad de perforación horizontal en Vaca Muerta. Una parte del público leyó ahí un avance técnico; otra, la confirmación de que el yacimiento se liquida. Según se sostiene en el debate, del esquisto sale petróleo, sí, pero con peor rendimiento que el convencional: de ahí no se obtienen con facilidad gasóleo ni plásticos, y su procesado es más difícil que el del propio crudo venezolano.
Vaca Muerta, la expropiación a Repsol y el factor Milei
Vaca Muerta lleva más de una década en el punto de mira. Repsol exploraba la zona a través de YPF hasta que Argentina expropió el paquete y acabó repartiendo el terreno con Chevron. El yacimiento quedó casi parado, la inversión se escurrió y solo con las mejoras del fracking importadas por las grandes petroleras se reactivó la producción. Con
Milei en la Casa Rosada, según esta lectura, se aflojaron los permisos y se desbloqueó el grifo: los logros que ahora se publicitan llegarían justo cuando el que traga recibe leche.
Cuánto petróleo queda: las cifras que se cruzan
Aquí los números se contradicen. Se repite que el mundo consume
97 millones de barriles diarios, una barbaridad difícil de sostener si el crudo fuera escaso. Hay quien eleva la cifra a 100 millones de barriles al día. Los optimistas aseguran que hay petróleo
para 300 años. Los escépticos recuerdan que un yacimiento no es una piscina infinita: los recovecos inaccesibles se llenan a cierta velocidad cuando baja la presión, un efecto de llenado que no añade ni un litro nuevo. Se ha encontrado crudo a más de
8 kilómetros de profundidad, muy por debajo de cualquier fosa biológica. Y el campo saudí de Ghawar, según esa misma escuela, debería llevar seco desde hace décadas.
¿Renovable o fósil? La discusión sigue abierta. Quien tenga la última palabra sobre el crudo que queda la tendrá también sobre muchos precios, alianzas y hasta sobre el próximo ciclo electoral.