Maestre: «A Miguel Ángel Blanco lo mató la polarización política»
Un artículo firmado por Antonio Maestre y publicado en
elDiario.es lleva por título «A Miguel Ángel Blanco lo mató la polarización política». La pieza, fechada el 3 de septiembre de 2022 y actualizada el 5 de septiembre de 2022, ha sido recuperada en un foro y ha reabierto la discusión sobre la responsabilidad en el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco.
El texto arranca con una advertencia sobre lo difícil que resulta terminarlo sin sentir asco, según recoge el propio artículo. En él se sostiene que hablar de polarización sitúa a la víctima en un ejercicio de corresponsabilidad por haber sido víctima de un intento de asesinato, y se califica esa retórica de deshonesta y miserable, añadiendo que desvía el foco de los verdaderos responsables de que no sea posible hacer política sin miedo. La pieza enlaza el caso de Miguel Ángel Blanco con el intento de asesinato de Cristina Fernández de Kirchner.
Qué dice exactamente el artículo sobre Miguel Ángel Blanco
El texto recuerda que la pistola que apuntó a la cabeza de Fernández de Kirchner falló, y que Miguel Ángel Blanco no tuvo esa suerte. A partir de ahí construye su tesis sobre la responsabilidad política. La formulación ha generado rechazo entre quienes la leen como una atribución de culpa a la víctima.
Hay un detalle que el artículo no oculta: el propio autor describe la dinámica retórica que, según él, se vio tras el intento de asesinato de la política argentina. El titular que se ha viralizado, sin embargo, afirma que fue la polarización la que mató a Miguel Ángel Blanco.
La fecha importa. El artículo se publica en septiembre de 2022, no en el momento del secuestro de Ermua. La distancia temporal es de veinticinco años, y el texto se apoya en una exposición organizada en Ermua con motivo del 25 aniversario del secuestro y asesinato.
La evolución del caso en el debate público
El asunto ha vuelto a circular con fuerza. La discusión se ha desplazado desde la literalidad del texto hacia la intención del autor, y desde ahí hacia el uso político de la memoria de la víctima. Hay quien sostiene que el artículo es una manipulación de un texto que dice lo contrario de lo que se le atribuye. Enfrente pesa el argumento de que el titular y la construcción retórica son responsabilidad de quien firma.
Una parte del análisis señala que el autor es un colaborador habitual en programas de televisión y que su firma aparece vinculada a medios concretos. Otra corriente sostiene que el ruido alrededor del nombre es precisamente el objetivo, y que discutirlo equivale a amplificar su alcance. La discusión sobre si conviene o no citarlo se ha convertido en un subgénero propio.
El caso de Miguel Ángel Blanco tiene una particularidad que el texto no aborda: fue secuestrado y asesinado por ETA en 1997, y su muerte provocó una movilización social sin precedentes. Cualquier frase que reparta responsabilidades sobre aquel crimen toca una fibra que no se ha reparado.
Quién era Miguel Ángel Blanco y por qué su nombre sigue en el centro
Miguel Ángel Blanco era concejal del Partido Popular en Ermua cuando ETA lo secuestró. El ultimátum de cuarenta y ocho horas terminó con su asesinato y con una reacción social que se recuerda como uno de los puntos de inflexión en la respuesta ciudadana al terrorismo. La exposición en Ermua por el 25 aniversario es la que sirve de excusa al artículo.
El texto menciona el estado de la calle en aquellos días, los medios pendientes de la televisión y un país entero siguiendo el desenlace. También recoge la versión, sostenida por algunos participantes del debate, de que las manos blancas funcionaron como una operación para encauzar la rabia, porque había ganas de venganza. Esa lectura, veinticinco años después, sigue generando incomodidad.
La discusión sobre la polarización no es nueva. Lo que ha cambiado es el marco: antes se hablaba de terrorismo, ahora se habla de clima político. El desplazamiento del vocabulario es, en sí mismo, un dato.
El uso del término polarización como coartada
El artículo denuncia que la palabra polarización sirve para repartir culpas entre víctima y verdugo. Esa es su tesis y es la que ha generado el rechazo. La objeción más repetida es que el texto hace exactamente lo que critica: convierte un asesinato en material de debate político.
La discusión derivada es si el artículo original se leyó entero o solo el titular. La mayoría de las reacciones citan la frase inicial y no el desarrollo. Es un patrón conocido: el titular viaja, el cuerpo se queda.
Qué se puede esperar a partir de aquí
El texto sigue publicado y el autor no lo ha retirado, según el material disponible. No hay rectificación ni matización posterior conocida. La discusión, por tanto, no tiene un cierre previsto: se quedará donde está, en la disputa sobre qué se dijo y qué se quiso decir.
Veinticinco años después del asesinato, la pregunta que sigue sin respuesta unánime es si se puede escribir sobre Miguel Ángel Blanco sin volver a matarlo en el papel. Cada vez que alguien lo intenta, el país se parte otra vez. ¿Es la polarización la causa o el síntoma?