Pérez-Reverte cancela Letras en Sevilla por amenazas
El simposio «Letras en Sevilla XI: 1936, la guerra que todos perdimos», coordinado por Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra, no se celebrará. La Fundación Cajasol, organizadora del ciclo, publicó el programa y lo defendió como un cartel «lo bastante plural y ecuánime», pero el escritor anunció la cancelación tras lo que describió como amenaza violenta de grupos de ultraizquierda. El detonante inmediato fue la baja de un ponente que había cuestionado públicamente su presencia en unas jornadas sobre la Guerra Civil.
El episodio ha reabierto la discusión sobre quién puede hablar de la Segunda República y en qué términos. Un sector del análisis sostiene que la presión organizada contra un programa que incluía voces de varios signos demuestra que
la izquierda no tolera el debate cuando el marco no le es favorable. Enfrente, otra corriente lee lo ocurrido como una consecuencia previsible de haber convertido un tema histórico en un ejercicio de
equidistancia que equipara a víctimas y verdugos.
Qué pasó con el simposio de Letras en Sevilla
La Fundación Cajasol difundió el programa completo de la undécima edición y pidió al público que juzgara por sí mismo si el conjunto de invitados era suficientemente plural. La respuesta no se hizo esperar: uno de los participantes anunció su retirada y arremetió contra el coordinador. La institución mantuvo el cartel; el coordinador, no.
Pérez-Reverte comunicó la suspensión y atribuyó la decisión a la amenaza de grupos que no aceptan que se ponga en duda el relato establecido sobre la República. La secuencia —programa publicado, baja de un ponente, cancelación— es la que ha quedado fijada en el intercambio de reacciones.
La acusación cruzada: «no me dejo cancelar»
Desde el entorno de los organizadores se sostiene que
ha ganado la extrema izquierda y que no debía haber ganado. La tesis es que un simposio con ponentes de sensibilidades distintas fue saboteado por quienes exigen un único marco interpretativo sobre la Guerra Civil.
La respuesta de la otra parte invierte el argumento: si el cartel incluía a divulgadores con un discurso ya muy consolidado sobre el franquismo, la protesta no es censura sino legítima objeción política. El resultado práctico, en cualquier caso, es el mismo: las jornadas no se celebran y el asunto se dirime en redes, no en una mesa redonda.
El papel de la Fundación Cajasol y el cartel «plural»
La fundación se limitó a publicar el programa y a preguntar retóricamente si el conjunto de invitados era ecuánime. Esa fórmula —
juzguen ustedes— es la que ha quedado como prueba de cargo en ambos relatos: para unos, confirma que había pluralidad; para otros, que se trataba de una coartada.
Lo cierto es que el ciclo llevaba once ediciones y que la polémica estalló en esta, la dedicada a 1936. La coincidencia temática con el aniversario del golpe de Estado y con el clima político del momento explica buena parte de la temperatura.
Por qué se discute ahora sobre la Segunda República
El subtítulo del simposio —«la guerra que todos perdimos»— resume la tesis que más incomoda: que el conflicto fue una tragedia compartida y no una agresión unilateral. Esa formulación, aplicada a 1936, choca con la lectura que sitúa toda la responsabilidad en el bando sublevado.
Hay quien recuerda que la República tuvo
27 gobiernos en nueve años y que su inestabilidad institucional fue un factor objetivo. La objeción a ese dato es que la inestabilidad no explica ni justifica la sublevación militar. El intercambio se repite desde hace décadas sin que ninguna de las dos partes mueva posiciones.
El precedente de otras cancelaciones
El caso no es aislado. Se ha señalado que otro simposio universitario sobre historiografía del franquismo corrió la misma suerte. La acumulación de episodios similares es la que ha convertido la cancelación en un género propio dentro de la vida cultural española.
La pregunta de fondo no es ya quién tenía razón en el cartel, sino si el formato «mesa con todas las voces» sigue siendo viable cuando una de las voces se retira y arrastra consigo el acto entero. La respuesta, por ahora, es que no.
Con estos precedentes, lo razonable es esperar que el ciclo se reconvierta en otro formato o que se aplace a un año menos cargado. También es posible que la cancelación se convierta en el argumento central de la próxima edición. Ninguna de las dos cosas está decidida.