La quiebra silenciosa de la alta cocina en Madrid: ¿fin de la burbuja gastronómica?
Durante los últimos dos años, una lista creciente de restaurantes de prestigio en Madrid ha echado el cierre: Lúa, Umiko, Berlanga, Rhudo, Robuchon, y otros como Club Allard, Lobito de Mar de La Finca o el histórico Café Gijón (aunque éste sigue, con menú ajustado). No es una crisis puntual: en Oviedo también cayó un estrella Michelin. El patrón es claro: el modelo de negocio de la alta restauración se desmorona.
¿Cuestión de edad o de cartera?
Los clientes tradicionales, el segmento de 55 a 60 años que gastaba en estos lugares, se jubilan y reducen su consumo. Los jóvenes, con sueldos estancados y alquileres desbocados, no pueden permitirse cenas de 200€. Como señala un análisis recurrente, "los jóvenes no tienen dinero para pagar estas cosas". A esto se suma que la fiebre mediática de los chefs estrella (MasterChef, etc.) se ha enfriado; el postureo gastronómico pasa de moda.
El vampirismo del rentista y el Estado
Los márgenes de la alta cocina no soportan la presión de alquileres abusivos y una carga fiscal creciente. Se denuncia que los propietarios de locales, en muchos casos pensionistas sin presión, mantienen los alquileres altos o los suben al ver que el negocio prospera, provocando el cierre. El IBI y otros impuestos terminan de ahogar al restaurador. Como contraste, los negocios de comida rápida o "comida chatarra a precio premium" aguantan mejor: son más flexibles y su clientela tiene menos exigencias.
Dos caras de la misma crisis
Por un lado, una corriente de opinión sostiene que todo es culpa del modelo económico: "no hay dinero, solo deuda", y la clase media se empobrece. Por otro lado, hay quien ve una corrección lógica de un sector inflado por la burbuja del postureo, donde muchos restaurantes vivían de subvenciones implícitas o de lavado de dinero. Ambas posturas coinciden en que la burbuja gastronómica ha reventado.
La pregunta que queda en el aire es si el cierre de estos templos de la alta cocina es síntoma de un empobrecimiento general o simplemente el fin de una moda. Mientras tanto, los locales vacíos se acumulan, y solo el tiempo dirá si el ajuste traerá un sector más realista o si la tendencia se extiende a otros ámbitos del consumo "aspiracional".
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