El voto que vive del BOE: así se sostiene el PSOE
¿Puede el PSOE volver a ganar unas elecciones generales? La pregunta recorre cualquier conversación de sobremesa y tiene una respuesta dominante y bastante cínica: sí, y no por méritos de gestión, sino por aritmética de subvención. El punto de partida es un goteo de medidas que reparten dinero —pensiones, ingreso mínimo vital, decretos de vivienda, ayudas para huérfanos mayores de 45— y un electorado que, según el cálculo que domina el análisis, depende del presupuesto público en más de la mitad de los casos.
Más de la mitad de la población viviría del BOE
Para el bando que da por hecha la continuidad, el paisaje es simple.
Más del 50% de la población viviría del BOE, según este cálculo, y buena parte del resto obtendría prebendas: becas, ventajas fiscales, márgenes para exprimir un divorcio. Todo eso se traduce, según esta lectura, en votos. El razonamiento no admite matices: quien cobra, vota al que paga.
De ahí sale la cifra que se repite una y otra vez.
Un 25% del electorado votaría al PSOE pase lo que pase: pensionistas, empleados públicos, votantes progresistas y, según esta lectura, también republicanos que premian a quien ha puesto encima de la mesa el asunto de la monarquía. Con ese suelo, basta con sumar a los socios parlamentarios. El resto es
control de la narrativa.
Las encuestas dan hasta 210 escaños a PP y Vox
Enfrente está el escenario que dibujan las encuestas que se citan:
PP y Vox sumarían entre 200 y 210 escaños. Una remontada que los más escépticos consideran complicada, pero que deja la cosa apretada. Es el contrapeso a la tesis del voto cautivo.
El problema, admiten en ese mismo bando, es el tamaño del triunfo. Con 150 escaños o por ahí el resultado sería el de siempre; por debajo de
140, Vox mete baza y la gobernabilidad se complica. Y un detalle que no se les escapa: para el PSOE, ganar significa que los adversarios no lleguen a la mayoría. Si eso ocurre, puede seguir en funciones, sin presupuestos y sin despeinarse.
Feijóo y la oposición que no termina de arrancar
El tercer bloque del análisis no va del PSOE, sino de quien debería ganarle. La crítica más repetida apunta a la oposición: que si el candidato no arranca, que si dentro del PP hay demasiados dispuestos a meter la pata en el último minuto, que si hay que atar en corto a los suyos para no regalar titulares. La etiqueta que resume el sentir es la de una oposición timorata.
Frente a esa lectura, otra corriente sostiene que lo decisivo es el ambiente. Hay quien anticipa que, si la derecha gana, las calles no aceptarán el resultado; otros replican que esos grupos solo se sostienen con dinero público y que basta con cortarles el grifo. Y una tercera voz, más descreída, suelta la frase que desarma el edificio entero:
¿qué más da quién gane si son todos iguales?Pucherazo, Soros y el R78: la parte sin pruebas
Conviene subrayarlo: circulan teorías que ninguna prueba respalda. Se habla de un fraude electoral sin necesidad de pucherazo, de una demolición controlada desde la UE, de George Soros quitando y poniendo presidentes y hasta de un plan para forzar entre ahora y
2031, centenario de la Segunda República, un referéndum entre monarquía y república. Son conjeturas. Igual que la comparación con Venezuela que abre el asunto: quien plantea el símil admite que allí no existe un subsidio equivalente, lo que deja el paralelismo en nada.
Al final, la única certeza que deja todo esto es la de siempre. Unos pocos reman, la mayoría descansa en la bodega y casi todos sueñan con sentarse en la popa a ver pasar el paisaje. El resto, dirán algunos, es
wishful thinking.