Una familia estadounidense se muda a la selva amazónica de Ecuador
Que una familia de EE.UU. abandone la ciudad para instalarse en la selva amazónica de Ecuador tiene nombre de género: preparacionismo. La noticia, recogida por Clarín, no deja indiferente: unos ven una huida con niños por medio; otros, una inversión inmobiliaria disfrazada de aventura.
La primera objeción es el aislamiento. Pero no es un campamento perdido: la provincia elegida es la puerta de entrada al Amazonas ecuatoriano, pegada a Pichincha y con ríos y cascadas a los que los propios ecuatorianos van de excursión. Hay turismo, hay dentista cerca y la selva no es exactamente el fin del mundo.
La sospecha, en cambio, apunta a la cartera. La mudanza tiene pinta de ordeñar la vaca de la desconexión mientras los hijos acaban viviendo de la revalorización de los terrenos en un par de décadas. Curiosa forma de preparar el futuro: comprar suelo antes que educación.
Y está la escuela, comparada con 30 horas semanales de cole en Parla. Quizá la selva sea el aula más grande, aunque con nombres como Tom y Jerry para los dos mayores, el chiste se cuenta solo. La pregunta incómoda queda abierta: ¿a quién están preparando realmente estos preparacionistas, a los hijos o a su inversión?