Vivir en Ecuador: el sueño del mochilero que se quedó
¿Qué lleva a un mochilero a quedarse en Ecuador cuando el plan era solo pasar? En el relato que circula estos días hay un poco de todo: sol permanente, naturaleza barata y una finca con buen gusto. También, la sombra de una sanidad que no da seguridad.
El lado luminoso: sol, campo y desayunos con vistas
El primer impacto es positivo: clima estable, paisaje y un ritmo de vida menos hostil. Quien visita describe casas cuidadas, orden y un esmero que en otros destinos no se ve. La promesa de una vida más simple con menos coste.
La letra pequeña: cuando la salud falla
Pero el debate se tuerce cuando aparece la salud. Mientras el cuerpo aguanta, Ecuador puede ser un paraíso. En cuanto falla algo, se plantea volver a Francia para hacerse pruebas y operarse. No hace falta estar en el sistema para entender la precariedad del hospital público.
Tópicos, petróleo y migración en dos direcciones
Y luego están los tópicos: que si los ecuatorianos están en España, que si la altura, que si el petróleo se acabó. La economía del país dependió durante años de la bonanza petrolera; cuando el precio cayó, el espejismo se desinfló. El país es pequeño: en unos años se ve todo. Y quien avisa, no está siendo catastrofista.
El mochilero se queda. Pero ninguno de los que comentan parece dispuesto a imitarle. La mochila sigue colgada en la entrada de la finca, a la espera de la primera enfermedad seria.