Iglesias avisa: el estilo Bukele funciona en seguridad
Pablo Iglesias ha afirmado que, cuando la seguridad se convierte en la principal preocupación ciudadana, el estilo Bukele puede funcionar y transformarse en referencia para las ultraderechas. El exvicepresidente del Gobierno lanza el aviso a su propia izquierda, a la que pide afrontar el desafío con estilos y discursos diferentes, aunque reconoce que no será nada fácil. La frase, publicada en su cuenta de Twitter, ha desatado una tormenta en la que se mezclan el reconocimiento del éxito salvadoreño, la memoria del pasado izquierdista de Bukele y el ajuste de cuentas interno en la izquierda española.
Qué ha dicho exactamente Pablo Iglesias sobre Bukele
El mensaje es corto pero carga mucha munición. Iglesias sostiene que
la seguridad es la principal preocupación ciudadana y que, en ese escenario, el modelo de Bukele puede funcionar. No es una defensa del salvadoreño, es un diagnóstico incómodo: la izquierda se queda sin relato si no ofrece respuestas creíbles al miedo a la
delincuencia. Y añade que la ultraderecha ya lo está usando como referencia. La reacción en la conversación pública no se ha hecho esperar, y ha tomado dos direcciones opuestas.
El pasado izquierdista de Bukele que algunos recuerdan
Una parte del análisis subraya un detalle que descoloca el relato más simple:
Bukele militó entre 2011 y 2017 en el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), un partido de izquierda salvadoreño. Es decir, el hombre que hoy sirve de bandera para las derechas no siempre estuvo en ese lado. Ese dato se usa para rebatir a quienes presentan su éxito como una victoria natural de la derecha. También se recuerda que la izquierda española, según esta corriente, ni sabe ni quiere saber de ese pasado incómodo.
El argumento de la seguridad frente a la libertad
El núcleo del asunto es la jerarquía de prioridades. Hay quien sostiene que
antes que la libertad va la seguridad, y que sin calles transitables el resto de derechos se vuelven papel mojado. Enfrente, la objeción es que ese orden justifica excesos: se mencionan el uso de gases lacrimógenos y gas pimienta contra la población, incluso contra personas mayores de 80 años, como ejemplo de a qué conduce poner la seguridad por encima de todo. La tensión entre ambos marcos recorre toda la discusión.
El Salvador antes y después: los testimonios
Los relatos de quienes conocieron el país antes del cambio son los que más pesan. Un viajero describe su visita en 2016: para subir al volcán de Santa Ana había una sola visita diaria y se hacía con seguridad armada; en la capital, los negocios pequeños tenían hombres armados en la puerta y pasear de noche era una temeridad. Frente a eso, se celebra que hoy se pueda ir al centro de la capital a escuchar música sin ser asesinado. La comparación entre ambos escenarios es el argumento más repetido para justificar el modelo.
La izquierda y el coste electoral de la mano blanda
Hay una lectura política interna que va más allá de El Salvador. Se argumenta que
la izquierda necesita la pobreza para que su mensaje prospere y que por eso arremete contra quien da seguridad y prosperidad. Otros lo formulan de manera más suave: se dice que Iglesias hace autocrítica cuando admite que la mano blanda con la delincuencia es una losa para la izquierda, y que dentro de él convive un comunismo clásico que no puede sacar a pasear. El diagnóstico compartido es que el discurso de la reinserción y las pamplinas se ha quedado sin compradores.
El modelo Bukele como referencia internacional
La conversación deriva hacia una ola más amplia. Se mencionan Bukele, Milei y los cambios en Holanda como una supuesta ola de sensatez que deja atrás la corrupción y el colectivismo. Y se plantea si España necesitaría algo parecido. La respuesta más repetida es que el país está comido por el comunismo y que un presidente como el salvadoreño acabaría con el tercer mundo más pronto que tarde. La comparación con la seguridad europea se hace sin demasiado detalle, pero el entusiasmo es evidente.
Lo que el caso salvadoreño deja sin resolver
El debate se atasca en el mismo punto donde empezó. Unos ven un país que pasó de ser el más peligroso del continente a permitir conciertos en la capital. Otros ven un modelo que normaliza el uso de la fuerza contra la población y que sirve de coartada para las ultraderechas. Iglesias avisó de que el desafío no sería fácil. Nadie en la conversación ha demostrado todavía que exista una tercera vía que ofrezca seguridad sin los métodos de Bukele, ni que la izquierda pueda venderla sin perder votos por el camino.