Un forero rebaja el chalet a piso y le cambia el dueño
El tramo abre con una pregunta sin respuesta —de qué vive este hombre— y sigue con
cuarenta mensajes que desmontan la casa por partes. Primero el precio. Después el barrio. Al final, de quién es. Cuando alguien escribe que no es un chalet, que es un piso y que la vivienda es
de su pareja, la página se queda sin suelo. Otro lo firma sin rodeos:
un medio bulo, por lo menos. Nadie ha visto una escritura.
Qué se ha sabido
Lo único que se aporta con enlace es una serie estadística. Un forero pega
las viviendas de protección oficial terminadas por cada gobierno desde 1981 y no la explica. La respuesta que recibe son dos palabras: de otros. El segundo tuit del tramo entra igual:
, sin comentario y sin defensa.
De la casa, lo concreto es poco. Un participante lee el artículo y traduce: la zona es la de la antigua fábrica de Mahou y alrededores, Paseo Imperial, Paseo de los Pontones, lo nuevo que se construyó. Cuenta que él ya sospechaba que era él, que ahora lo sabe y que si le vuelve a ver, lo cuenta.
La geografía la completa otro mensaje: eso era zona industrial, con el Vicente Calderón y la M-30 encima y la fábrica de cerveza detrás; al arreglar el borde del río, el suelo pasó a ser caro, y en la orilla sur las promociones ya salen a precios altos. Lo cierra con una línea:
si el riachuelo fuera navegable, los precios serían londinenses.
Nadie discute la cifra. Se da por buena. Lo que se discute es si
un millón es mucho o poco en Madrid. Un forero sostiene que un piso de un millón es poco más del precio medio de un barrio céntrico. Otro responde que el tema de Madrid es ridículo en cuanto investigas un poco las zonas.
Dónde está la bronca
Primer bloque: aquí no hay nada que ver. Un forero pregunta a otro si le va a increpar, a insultar o a decirle que no tiene derecho a vivir ahí, y le pregunta por qué no tendría derecho. Dentro de ese bloque, otro compara: pregunta si solo los cargos del partido conservador pueden tener casas grandes. No lo desarrolla. Y un tercero enmarca el asunto: los nuevos señores feudales, que siempre quisieron ser nobles.
Segundo bloque: el problema no es la casa, es la caja. Un forero hace la cuenta y dice que un millón no se paga con un sueldo de diputado, aunque sea un buen sueldo. Otro lo lleva a la hipérbole: lo habrá ganado céntimo a céntimo vendiendo el país en jornadas de catorce horas como cualquier kiosquero que no llega al mileurismo. Y un tercero monta la historia de superación que eclipsa el garaje de Steve Jobs y Bill Gates: regentar un quiosco y alcanzar un piso de un millón. Remata: el que no prospera en este país es porque no quiere. Uno admite, medio en broma, que en su lugar quizá haría lo mismo, pero con menos ruido.
Tercer bloque, el que rompe el hilo: la titularidad. Un forero recuerda que el texto no dice propietario y que la página se ha montado sobre la palabra «vive». De ahí sale la frase del medio bulo. Y la conversación se enfría hasta que alguien pregunta cuál es el trabajo real de este hombre. Ahí se queda.
El bloque que defiende al afectado tiene una versión dura: que el país funciona así desde siempre, que unos reparten y el resto mira. Alguien lo dice con ironía: por algún lado había que empezar a repartir la riqueza.
En medio, dos desvíos. Uno recuerda las visitas de Ana Rosa al piso de Vallecas y el relato de vivir en el barrio. Otro suelta un párrafo largo sobre el historial de la presidenta madrileña y sus estudios. Nadie lo sigue.
Papeles: ninguno
Cuarenta mensajes y ni una escritura, ni una nota simple, ni una fecha de compra. Lo que se pega son dos tuits y un enlace estadístico. El resto son cálculos de sobremesa, algunos con más gracia que otros. Cuando alguien pide el dato fino —metros, año, hipoteca— nadie lo tiene. La cifra del millón viaja sin papeles y a nadie le hace falta.
Qué cambia respecto a antes
Cambia la unidad de medida. Ya no se discute cuántos metros tiene la casa: se discute de quién es y con qué se paga. El tramo anterior se cerró calculando el precio del metro en la antigua Mahou. Este empieza por el sueldo y acaba en la escritura. Y no la hay. La duda que ordenaba la página anterior, chalet o piso, no se resuelve, pero deja de importar: el eje pasa a ser la propiedad.
Entra un argumento que antes no estaba: el derecho. Nadie dice que la casa sea ilegal. Se dice que vivir donde quiera es asunto suyo y que la discusión debería ser otra. Quien sostiene eso no defiende el sueldo ni el código ético: defiende que no hay caso.
Y entra un cierre que no cierra. Un forero sentencia que ya pueden cerrar el hilo. Otro le contesta que quien habla no debería, por su historial de voto. El hilo sigue abierto.