La pobreza que se aguanta con ironía y tabaco
«Yo mal». La respuesta no admite matices. Detrás viene una retahíla de cigarrillos, la palabra «ascetismo» y la certeza de que el único plan a futuro es heredar un piso. Es la conversación que mantienen a diario quienes han dejado de buscarle sentido al esfuerzo.
El ascetismo como eufemismo
Cuando la pobreza no se elige, el ascetismo deja de ser virtud y se convierte en disfraz. Quien responde que es un asceta por necesidad lo dice con amargura: no es un estilo de vida, es un cerrojo. La broma sobre el ascetismo sirve para aguantar el tipo, pero no quita el humo de los cigarros que se encienden uno tras otro.
La herencia, único plan de futuro
El contraste es cruel: la familia tiene dinero, quizá un piso; pero quien quiere trabajar de informático no encuentra manera de ganarse las alubias. La herencia funciona como red de seguridad, pero también como anestesia. Mientras tanto, la nostalgia se instala: ya no se piensa en experiencias, solo en que nada se derrumbe y no haya que pagar.
Queda la resignación y el humor negro. El cigarrillo se apaga, y la pregunta sigue en el aire: qué hacer cuando ni el esfuerzo ni la ironía bastan para salir del hoyo.