El limbo laboral chino: no te contratan a los 50 y la jubilación queda lejos
El crash inmobiliario de 2024-2025 dejó en China un problema que las estadísticas oficiales no saben —o no quieren— colocar en ninguna casilla: la franja de trabajadores que ronda los 50 años. Con la edad legal de jubilación fijada en 60 años para los hombres y 55 para las mujeres, ese asalariado es demasiado mayor para que lo contraten y demasiado joven para dejar de cotizar. En España lo llamaríamos paro de larga duración. Allí es un limbo con nombre propio.
¿Por qué China no contrata a trabajadores de 50 años?
La respuesta corta: porque el sistema no les da salida ni por arriba ni por abajo. A los 50 el mercado los mira como mano de obra gastada, y la jubilación —55 años en el caso de las mujeres, 60 en el de los hombres— todavía queda lejos. Entre medias, un hueco de una década en el que no se cotiza, no se cobra y no se cuenta.
El fenómeno se agrava porque el país arrastra dos tensiones a la vez. La primera es un desplome del sector inmobiliario que se llevó por delante a Evergrande, Country Garden y toda la constelación de promotoras zombis que sostenían empleo indirecto. La segunda es una política del hijo único cuyos efectos demográficos ya no son teoría: la generación de los «pequeños emperadores», hoy entre los 25 y los 35 años, carga con cuatro abuelos y dos padres al mismo tiempo.
El paro juvenil que la estadística maquilla
El dato oficial de paro juvenil, para la franja de 16 a 24 años, ronda el 20%. Las estimaciones que circulan fuera del circuito oficial disparan la cifra hasta el 35% o el 40% si se cuentan quienes ni estudian ni trabajan. Hay quien resume ese grupo con dos expresiones que se han hecho populares: el «tang ping» (tumbarse) y el «bai lan» (tirar la toalla).
Eso deja una foto incómoda: un país con jóvenes que renuncian y con cincuentones que no caben. Los dos extremos se miran desde el mismo pozo. Y ninguno de los dos genera la cotización que sostiene el sistema de pensiones.
El ladrillo que ya pincha: 80 millones de pisos sin vender
Según los cálculos que maneja este análisis, el stock de vivienda sin vender en China se sitúa en torno a los 80 millones de unidades. Para ponerle escala: en España se cuentan unos 3 millones de viviendas vacías. El parque inmobiliario chino se construyó durante años sobre la premisa de que el precio nunca baja, y esa premisa ya no se sostiene.
La deuda agregada se mueve en la órbita del 300% del PIB, una cifra que cuesta incluso escribir. Y en el capítulo empresarial, en el hilo se sostiene que BYD oculta unos 45.000 millones vía factoring a proveedores, un desglose que conviene leer entero antes de dar por buenas las cuentas de cualquier balance.
Chips: la copia que sale carísima
El otro pilar del relato tecnológico chino tiene nombre y apellido. SMIC lleva años intentando replicar el proceso de 7 nanómetros de TSMC, pero lo hace con litografía DUV porque las máquinas EUV de ASML están vetadas. El resultado es un producto caro, con sobrecostes brutales y rendimiento discutible.
El problema no es solo de ingeniería. Es también de aritmética: si cada avance cuesta más que el del competidor, la autosuficiencia se convierte en una factura que alguien tiene que pagar.
Foxconn se va: el taller del mundo cambia de dirección
Los planes de diversificación de Foxconn son el mapa de la huida. India concentra el ensamblaje masivo de iPhone, con plantas en Karnataka y Telangana. Vietnam fabrica iPads, MacBooks y componentes de red. Tailandia desarrolla vehículos eléctricos y México se posiciona como hub de servidores de inteligencia artificial para el mercado occidental.
Una parte del análisis defiende que esto es diversificación y no deslocalización. La otra responde con un dato incómodo: las exportaciones chinas suben en volumen, pero a precios cada vez más bajos. Vender más barato para no parar la cadena no es ganar mercado, es aguantar el tipo.
Y aquí el análisis se atasca, justo donde se atasca siempre. Un sector sostiene que China lleva quebrando desde 2010 y que esto es el making of del desplome. Otro responde que el relato occidental se contradice cada mañana: el mismo país es amenaza existencial y ruina ambulante según el día. Con esas dos versiones encima de la mesa, el hueco laboral de los cincuenta sigue sin respuesta.