Hendrix manda, pero la lista de Rolling Stone desata la guerra
Si hay un consenso que resiste cualquier discusión guitarrera es el de Jimi Hendrix como número uno. Revolucionó el instrumento, lo convirtió en un héroe de masas y, según se recuerda en la discusión, hasta él mismo reconocía que había otros mejores que él: Rory Gallagher, Terry Kath o Robert Fripp. A partir del segundo puesto, la lista de los quince mejores guitarristas de
Rolling Stone se convierte en un campo de minas. La inclusión de Joni Mitchell y de Sister Rosetta Tharpe ha sido el detonante de la polémica, con acusaciones de «cuota» y de reescribir la historia.
El top que indigna: ausencias que pesan más que presencias
La lista tiene un problema de fondo que trasciende los gustos: lo que no está. No aparecen Eric Clapton, Ritchie Blackmore, Robert Fripp, Frank Zappa, Rory Gallagher, David Gilmour, Peter Green ni Michael Schenker. Tampoco Steve Vai, al que se reclama por su capacidad técnica y creativa, ni Yngwie Malmsteen, que en los ochenta era poco menos que la llegada de un dios de la guitarra. La queja más repetida es que se trata de una lista de popularidad disfrazada de canon, y que el hueco de las ausencias lo ocupan nombres que no resisten la comparación.
Hay un argumento que se repite: si entra el blues de B.B. King, tendrían que entrar también el jazz, el flamenco y la clásica. Y ahí la lista se desmorona. Wes Montgomery, Pat Metheny, Larry Carlton, Allan Holdsworth o Paco de Lucía son algunos de los nombres que se echan en falta cuando se amplía el foco. La pregunta que sobrevuela es qué criterio se aplica: ¿influencia, técnica, creatividad o simplemente ventas?
Joni Mitchell y Sister Rosetta Tharpe: el debate sobre la cuota
La presencia de Joni Mitchell es el punto que más ampollas levanta. Se argumenta que la propia Mitchell se avergonzaría de estar ahí, y se recuerda que los guitarristas que pasaron por su banda —Larry Carlton, Pat Metheny, Michael Landau— sí tendrían sitio en una lista así. La de Sister Rosetta Tharpe genera menos rechazo por su mérito histórico, pero se cuestiona que esté al nivel de otros nombres ausentes.
La acusación de «woke» y de reescribir la historia planea sobre esta parte del debate. Frente a eso, hay quien defiende que una lista sin mujeres es una lista incompleta, y que el problema no es que estén, sino que no estén las que deberían. Se menciona a Monnette Sudler, con su estilo de jazz psicodélico, o a Emily Remler y Jennifer Batten como alternativas con más recorrido guitarrístico.
Los que sí deberían estar: de Rory Gallagher a Steve Vai
Rory Gallagher es el nombre que más se repite cuando se habla de ausencias injustas. Se recuerda que los Rolling Stones le ofrecieron el puesto de Mick Taylor y dijo que no: ser segundo de Richards no era su sueño. También se reivindica a Brian May, que en los setenta hacía capas de guitarra con un sistema analógico de siete pistas y sin tener idea de tecnología, algo que hoy se hace con un ordenador y sigue siendo complicado.
Steve Vai aparece con un argumento curioso: no es el mejor en nada, pero es el segundo mejor en todo. Su capacidad creativa, se dice, le pondrá a la altura de los grandes compositores cuando se escriba la historia de la
música de los siglos XX y XXI. Y luego están los nombres que cada cual arrima a su parroquia: Mark Knopfler, Ritchie Blackmore, Santana, Pat Metheny, Mike Oldfield, Martin Barre, Angus Young, Jimmy Page o Rudolf Schenker.
La trampa de las listas: ¿influencia o técnica?
Hay una corriente que sostiene que las listas de «mejores» son un ejercicio tramposo. Siempre ganarían los que están despuntando ahora —Tim Henson, Guthrie Govan, los Mancuso—, porque la técnica avanza. Lo que sí se puede hacer es una lista de los más influyentes, y ahí las viejas glorias tienen su sitio. La discusión deriva entonces hacia la definición de leyenda: ¿lo es Slash para todo el mundo? ¿Lo es Michael Hedges, al que muchos guitarristas profesionales españoles de alto nivel no conocían?
El caso de Peter Green es paradigmático. Se le reivindica como «el rey Albatross», ejemplo de maravilla sin necesidad de tocar rápido. Y ahí está la clave del asunto: la velocidad impresiona, pero no es lo mismo que crear algo que perdure. La lista de
Rolling Stone premia una cosa y la afición reclama otra.
Al final, la lista funciona como lo que es: un generador de conversación. Quince nombres que cabrean a quince gremios distintos. Y una pregunta que nadie responde del todo: ¿mejor según qué criterio, y para quién?