Matute carga contra el oligopolio eléctrico y el IVA del 10%
El diputado de EH Bildu Oskar Matute sostiene que bajar el IVA de la luz al 10% es una tirita que no arregla nada. Su tesis, expuesta en el arranque de esta discusión, es que si la demanda cae y el mercado está sobreabastecido, no se explica que el recibo siga encareciéndose. La respuesta que recibe en el hilo es un choque frontal entre dos relatos: el que culpa al oligopolio y el que culpa al BOE.
Por qué sube la luz si sobra energía
Matute plantea la paradoja que vertebra todo el debate: con demanda a la baja y sobreabastecimiento, el precio de la electricidad debería caer, no subir. Su conclusión es que el mercado no funciona como un mercado y que hace falta más intervención pública. La rebaja del IVA al 10%, dice, solo reduce la recaudación del Estado sin tocar la factura de fondo.
Frente a ese diagnóstico, una parte de la discusión desplaza el foco del oligopolio al BOE. El argumento es que la normativa ha empedrado el camino hacia un precio alto: el cierre del carbón y de la nuclear, el peso de las renovables y las decisiones regulatorias explican el encarecimiento más que la mesa de las eléctricas. La culpa, se sostiene, no es solo de quien pone el kilovatio en el mercado.
El IVA del 10% y el canon del agua
La rebaja fiscal que Matute tilda de tirita aparece acompañada, según varios mensajes, de una reforma del canon del agua en el mismo BOE. La lectura que se hace es que se están poniendo las bases para un encarecimiento futuro del recibo del agua. El patrón se repite: alivio fiscal por un lado, subida estructural por otro.
Hay quien va más allá y apunta a los rescates. Se recuerda que el Estado ha acudido a salvar eléctricas y autopistas mientras un pequeño emprendedor que cierra al mes de abrir no recibe nada. La asimetría entre el rescate de las grandes y la intemperie de los pequeños es uno de los hilos conductores de la conversación.
Lemóniz, la factura que se sigue pagando
El tramo más técnico del debate es el de la
energía nuclear. Se afirma que la central de Lemóniz estaba acabada y solo le faltaba el combustible cuando se decidió paralizarla, y que su desmantelamiento costó 6.000 millones de euros, casi un billón de pesetas. Esa cifra, se argumenta, se ha ido pagando en la factura de la luz durante años.
La discusión deriva hacia el coste real de la nuclear. Una corriente defiende que su LCOE es más alto que el de cualquier tecnología comercial y que sin subsidios no se construye. Otra responde que el LCOE es una abstracción y que lo que cuenta es el kilovatio hora producido, con factores de planta del 90-95%. Se citan Olkiluoto, Flamanville y Hinkley Point C, con un contrato a 35 años indexado a la inflación que hoy equivaldría a unos 130 euros por megavatio hora.
El origen vasco de Iberdrola y el relato del saqueo
Otro frente del debate es el empresarial. Se sostiene que la mayor mafia energética es vasca y que Iberdrola nació del saqueo de una empresa pública, Iberduero, con pantanos ajenos y la sombra de Lemóniz de fondo. La ironía es evidente: el partido que denuncia el oligopolio señala a una compañía con raíces en su propio territorio.
La conversación se enreda en acusaciones cruzadas sobre quién manda de verdad. Unos ven a las eléctricas dictando política energética. Otros ven al Gobierno legislando a golpe de decreto para encarecer la luz y luego culpando al mercado. La desconfianza es mutua y el dato escasea.
Quién paga la fiesta nuclear
El cierre del artículo llega con la pregunta que nadie responde del todo: si la nuclear es tan barata, por qué solo se construye donde el Estado garantiza el precio. Hinkley Point C tiene un contrato a 35 años indexado a la inflación. Olkiluoto y Flamanville acumulan sobrecostes. Y en España, Lemóniz sigue en la factura.
El dato que descoloca: se afirma que el desmantelamiento de Lemóniz costó 6.000 millones de euros, casi un billón de pesetas, y que ese dinero se ha ido pagando en el recibo de la luz. Mientras tanto, el debate sobre el IVA del 10% sigue sonando a tirita.