El Rolex ya no sube: el relato del youtuber inversor se desinfla
¿Recuerdas cuando media docena de youtubers te explicaban, con el reloj en primer plano, que un Rolex nunca bajaba y que con el primero ya entrabas en el club de los elegidos? Ese relato se ha agrietado. El detonante que circula es una denuncia de trabajadores según la cual parte de la producción no se fabricaba en Suiza y algunos componentes llegaban de China. La consecuencia, en el ánimo de quien compró pensando en revalorización, es la de siempre: cuando el humo se disipa, queda el objeto.
La discusión que se ha montado alrededor tiene un mérito: ha destapado que casi nadie compraba el reloj por el reloj. Lo compraba por la historia que lo envolvía.
Qué ha pasado con Rolex y la supuesta fabricación china
El punto de partida es una acusación lanzada por empleados: que no todo se fabricaba en Suiza y que determinadas partes venían de China. Conviene ser preciso: es una denuncia, no una sentencia. Pero ha bastado para que el mito del taller alpino se tambalee entre quienes sostenían que el valor estaba en el origen artesano.
Sobre esa grieta se ha montado la segunda capa del asunto. La marca vende exclusividad mientras produce a escala industrial, y esa contradicción es la que más incomoda. Hay quien lo resume sin paños calientes: se vende como artesanía lo que es fábrica. El precio no paga el mecanismo, paga la vitrina.
La lista de espera que no era una lista de espera
El episodio que mejor retrata el mecanismo es el de la boutique. En una visita a la tienda de la Castellana, en Madrid, había varios relojes expuestos pero solo dos a la venta: un Submariner de oro rosa con correa de caucho por
45.000 euros y otro de oro amarillo, también con caucho, por
47.000 euros. Los modelos de acero, los que de verdad quiere el comprador, no estaban.
La explicación que circula es que para acceder a las series de acero hay que ser cliente VIP y haber pasado antes por una de esas piezas horteras de oligarca. Solo entonces, por casualidad, aparece un modelo de acero y te lo ofrecen. La alternativa que se apunta es probar suerte en aeropuertos de Dubái, China, Hong Kong, Shanghái o Singapur, donde a veces hay duty free con existencias.
Los relojes no son una inversión: el argumento que gana peso
Frente al relato del youtuber, se ha consolidado una tesis más incómoda: ningún bien mueble producido en masa gana valor con el tiempo. La frase «me compro un Rolex porque es una buena inversión» se atribuye a quien no tiene ni idea de inversión ni de relojes, y el argumento se sostiene solo.
Para quien quiera invertir de verdad, la alternativa que se menciona es otra: Patek Philippe Nautilus y Audemars Piguet Royal Oak, con producciones limitadas de unas
70.000 unidades anuales. Aunque incluso esa cifra genera dudas: hay quien considera que 70.000 siguen siendo demasiadas, sobre todo con la desaparición progresiva de la generación que sostiene este mercado.
El reloj como objeto: Seiko, Grand Seiko y el precio del cuarzo
La conversación derivó hacia lo que de verdad importa a quien lleva reloj: que dé la hora. Ahí aparece Seiko como la marca que más calibres vende, y su Spring Drive como un mecanismo híbrido mecánico-cuarzo que no se puede falsificar, algo que sí ocurre con Rolex, donde hay réplicas de gama alta con estuche y certificado falsificados que solo un experto distingue.
El problema es el precio. Los Grand Seiko con Spring Drive que hace años se movían en torno a
2.000 euros ahora pueden costar el doble. Seiko ha subido precios de forma notable, aunque la fiabilidad aguanta: hay relojes de la marca funcionando perfectamente después de más de veinte años.
En el extremo opuesto, el cuarzo barato. Un F-91 de
10 euros da una década de servicio, y cuando la pila muere se cambia por un euro en el bazar o se tira el reloj y se compra otro. Hay quien defiende que llevar un Casio de 20 euros siendo millonario es un gesto de rebeldía frente a la validación ajena. Y hay quien responde que es, simplemente, mal gusto.
Al final, la pregunta que queda flotando no es si el Rolex sube o baja. Es cuántos de los que compraron uno pensando en la reventa habrían pagado lo mismo por un objeto que solo da la hora.