Latinos toman las oposiciones: el asalto a la función pública que nadie esperaba
La nacionalidad española se obtiene en 24 meses para los latinoamericanos. La homologación de títulos universitarios, en tiempo récord. Y las oposiciones a la Administración Pública ya no son coto cerrado de españoles de manual. El fenómeno, que algunos llaman 'panchitización' y otros simple movilidad social, está reconfigurando el panorama laboral de la función pública.
Un dato: hay grupos de Telegram que asesoran a inmigrantes latinoamericanos sobre cómo convalidar títulos y preparar oposiciones. 'Homologación sanitaria' es una de las etiquetas que circulan. Y no es solo en sanidad: en las últimas convocatorias de TAI (Auxiliar Informático) y Auxiliar Administrativo, el número de aspirantes latinos ha crecido de forma exponencial.
La velocidad del 'milagro' burocrático
Que un venezolano, peruano o ecuatoriano obtenga la nacionalidad en dos años no es excepcional. Lo que sorprende es que, en ese mismo plazo, también consigan homologar ingenierías, grados o másteres. 'En dos años y pocos meses, nacionalidad y título de ingeniería informática convalidado. Brutal', se lee en los análisis del sector. Mientras, los procesos para españoles pueden alargarse años.
El resultado: miles de latinos preparándose para las oposiciones. 'Debe haber miles de panchis preparando opos', apunta un calculador. Con la ventaja de que muchos ya trabajan en sectores precarios (reparto, limpieza, cuidados) y ven en la función pública la estabilidad que no tienen.
Calidad vs. cantidad: el debate que divide
Hay dos corrientes. Una advierte del deterioro: 'Si mal estaba la administración, ahora será peor. Más corrupción, más enchufe, más vagancia'. Señalan que los tribunales de oposición podrían terminar seleccionando a los suyos, replicando el modelo de algunas academias. La otra sostiene que los latinos tienen 'mucha más capacidad de sacrificio y resiliencia que los ninis de cristal nacionales'. Y recuerdan que ya hay médicos latinos trabajando en hospitales públicos, con titulaciones homologadas.
El problema es que el sistema de oposiciones premia la memoria y el protocolo, no la creatividad. 'Los casos prácticos consisten en aplicar un protocolo sin salirse de él', explican. Y ahí el latino, con su cultura de esfuerzo, puede tener ventaja. O no.
¿Y los españoles?
El miedo soterrado es que el hombre autóctono heterosexual acabe siendo 'pieza de museo en la función pública'. Con la discriminación positiva ya aplicada a mujeres, y ahora posiblemente extendida a colectivos inmigrantes, la competencia se recrudece. Algunos anticipan un futuro al estilo francés: controles de seguridad en aeropuertos parecidos a Argelia. Otros, más fríos, recuerdan que la Administración ya estaba infiltrada de ineficiencia antes de esta oleada.
La pregunta del millón: ¿será la función pública el próximo sector copado por inmigrantes, como ya ocurre en la construcción o la hostelería? Mientras el debate se caldea, las academias de oposiciones empiezan a ofrecer cursos en español neutro. Y los que ya están dentro, los 'funciovagos' de toda la vida, se preparan para compartir pasillo con quienes antes limpiaban culos en residencias. El chiste, como siempre, se lo lleva el Estado, que gana trabajadores agradecidos y baratos.
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