Hamás cruza la frontera y el relato de seguridad israelí se resquebraja
Un tuit viral sostiene que los colonos israelíes huyen en masa de la Franja de Gaza mientras los milicianos palestinos avanzan hacia la frontera de Israel. De ahí arranca una discusión que en pocas horas pasó del asombro al inventario del fracaso. Ni Cúpula de Hierro, ni Mosad, ni un despliegue que se daba por infalible. La sorpresa no es que haya combate. La sorpresa es por dónde.
¿Cómo pudo Hamás cruzar la frontera sin aviso?
El diagnóstico que se repite es el de una relajación difícil de explicar en un país que presume de vigilancia total. Un ataque de esta escala no se prepara de un día para otro, y menos delante de las narices de una de las fuerzas armadas mejor financiadas del planeta. Hay quien reclama directamente una
reforma completa de las FDI; otros hablan de humillación histórica. La coincidencia es incómoda: los servicios de inteligencia estaban mirando hacia otro lado, o miraban y no veían.
Lo que se describe en los mensajes es una ofensiva con víctimas civiles en zonas del sur del país y con una cifra indeterminada de israelíes atrapados en las áreas afectadas. La idea de
unos muertos de hambre aislados dando la vuelta a la ecuación militar es la que más incomoda dentro del propio análisis israelí.
Qué se espera ahora en Gaza y en la frontera
El escenario que maneja la mayoría es el de una represalia aérea de gran escala sobre la Franja, con la advertencia de que se verán
miles de muertos por bombardeo. Nadie discute la capacidad de Israel de arrasar el terreno; lo que se discute es qué queda después. Hay quien recuerda que buena parte de esa respuesta tiene como destino zonas densamente pobladas y quien avisa de que una vez liberadas áreas, la tentación de mover población civil hacia ellas es más que real.
A la espera de lo que venga, la infraestructura se prepara. Se ha difundido la activación del hospital subterráneo fortificado del campus sanitario Rambam, en Haifa: un complejo de
tres plantas bajo tierra con capacidad para unas 2.000 personas. La señal no es menor. Cuando un país entierra su sanidad, está comprando tiempo.
Por qué algunos sostienen que Israel dejó hacer
Una corriente defiende que el ataque se permitió para disponer de un
casus belli con el que redibujar el mapa y ejecutar una solución definitiva al problema palestino. Ninguna prueba respalda esa tesis, y quien la enuncia la acompaña de un marco más amplio: guerra en el este de Europa, escalada en Oriente Medio, alteraciones en el suministro de petróleo, hiperinflación y un supuesto crack financiero. Es el tipo de relato que crece en cada crisis, se apoye o no en algo verificable.
En paralelo circula otro dato, atribuido a la BBC: Israel no figuraba entre los países que han tomado parte en acciones directas contra el grupo islamista en Irak y Siria. Se usa como recordatorio de que las alianzas en la región nunca fueron tan limpias como se cuentan.
El fantasma de una escalada con Irán
Aquí el intercambio se encona. Un sector considera que una represalia nuclear sobre Irán significaría el fin del Estado de Israel, porque activaría la respuesta iraní y una llamada a la yihad con más eco que nunca. El otro lado responde que Irán ya lo intentó sin éxito, que Estados Unidos entraría y que
las 200 nukes que se le atribuyen a Israel convertirían en escombros a los países vecinos. Ambas partes se acusan de ignorar la capacidad militar real del adversario.
Lo único que aparece documentado en ese tramo del intercambio son las bases de misiles subterráneas iraníes, citadas como prueba de que la capacidad de respuesta no se agota con un primer golpe.
El choque ideológico: sionismo, socialismo y democracia liberal
Otra línea de fricción no va de misiles, sino de etiquetas. Se sostiene que el sionismo es nacionalismo y estatismo, y que tiene poco de liberal; se replica que identificar comunistas reciclados como
Golda Meir con el nacionalsocialismo es una pirueta, y se recuerda que las colectivizaciones agrícolas no convierten a un país en socialista. La conclusión no llega, y probablemente no llegue: definir a Israel obliga a decidir antes qué significa cada palabra.
El eco en España: inmigración y memoria de Al-Ándalus
El conflicto se usa también como espejo interno. Una parte del análisis sostiene que existe un proyecto religioso y territorial que considera Ceuta, Melilla y Al-Ándalus como territorio propio, y lo presenta como amenaza demográfica. Frente a eso, otra corriente se limita a discutir el mercado laboral y el envejecimiento: se afirma que hay más personas de 85 años que recién nacidos y que alrededor del
10% de la población ya es inmigrante. El desacuerdo es político, no estadístico.
El análisis se atasca exactamente ahí: nadie ha demostrado si el fallo fue negligencia o diseño, y nadie sabe qué hará Irán cuando termine la cuenta atrás. Todo lo demás es pronóstico.