Vox rompe el techo del 19% y el PP cae a 130 escaños
El último ElectoPanel, difundido el 30 de noviembre, deja un mapa electoral incómodo para los dos partidos que se han repartido el poder desde 1982: el PP baja a un 31,9% y 130 escaños, el PSOE se queda en un 29% y 110 diputados, y Vox escala hasta el 19,2%, lo que le daría 64 asientos en el Congreso. Sumar, con un 5,6%, obtendría 9 escaños; Podemos, con un 4%, se quedaría en 5. La foto no es un vuelco, pero sí una tendencia que lleva meses horadando el suelo de los partidos del régimen del 78, como se empeñan en llamarlo desde hace años en los mentideros económicos.
Lo llamativo no es solo el porcentaje, sino la traducción en escaños. La ley D'Hondt, que prima a las provincias pequeñas y castiga a los partidos con voto disperso, convierte el 19,2% de Vox en 64 diputados mientras Sumar y Podemos, con casi un 10% entre ambos, se reparten apenas 14. Es el mismo sistema que permite al PSOE mantener 110 escaños con un 29% y al PP quedarse en 130 con casi un 32%. La proporcionalidad, en España, es un concepto elástico.
Qué dice el ElectoPanel del 30 de noviembre
El sondeo, publicado por la cuenta @electomanía, sitúa al PP en 31,9% y 130 escaños, al PSOE en 29% y 110, a Vox en 19,2% y 64, a Sumar en 5,6% y 9, y a Podemos en 4% y 5. Son cifras que, sumadas, dejan al bloque de la derecha con 194 diputados y al bloque de la izquierda con 124, sin contar los partidos nacionalistas. La mayoría absoluta está en 176.
La reacción inmediata en los círculos económicos ha sido de escepticismo hacia la encuesta. Hay quien sostiene que este tipo de sondeos se cocinan para marcar agenda y que el PSOE acabará sacando muchos más escaños de los que dice el panel. Otros, en cambio, leen el dato como una confirmación de que el suelo de los dos grandes partidos se está agrietando por abajo, y que Vox capitaliza el descontento de quienes ya no distinguen entre PP y PSOE.
El cálculo que desmonta la proporcionalidad
Uno de los análisis más repetidos en la conversación es el que compara el coste en votos por escaño. Con los números del panel, Vox necesitaría alrededor de 300.000 votos por diputado, mientras que Sumar y Podemos, con porcentajes mucho menores, se repartirían los restos del naufragio en circunscripciones grandes. El cálculo completo, desglosado provincia a provincia, da diferencias que sorprenden incluso a quienes manejan la ley electoral a diario.
En provincias castellanas del norte, como Valladolid, Burgos, León, Salamanca, Palencia, Zamora, Ávila, Segovia o Soria, los porcentajes que se barajan para partidos minoritarios —entre el 5% y el 9%— se traducen en cero escaños. Es el peaje de un sistema que concentra el voto útil en las dos grandes formaciones y deja fuera a cualquier opción que no sea hegemónica en su circunscripción.
Por qué Vox sube y qué se juega el PP
La subida de Vox tiene una lectura económica: parte del electorado que se siente abandonado por las políticas fiscales y laborales de los dos grandes partidos busca refugio en una opción que, al menos en el discurso, promete bajar impuestos y recortar gasto público. La otra lectura es más política: el PP compite con Vox por el mismo espacio en la España vaciada, y cada voto que se le escapa a la formación de Abascal reduce el número de escaños de la suma PP+Vox, porque la ley D'Hondt penaliza la fragmentación del voto en circunscripciones pequeñas.
Hay quien sostiene que el PP pinchará en Valencia y Sevilla, y que en Vizcaya y Guipúzcoa ni te cuento. El escenario que manejan algunos analistas es que el PSOE recupere en Barcelona todo lo que pierda en Madrid, y que el resultado final se parezca más a un empate técnico que a una mayoría clara. La encuesta, en todo caso, no cierra nada: solo abre la pregunta de si el suelo del bipartidismo aguanta otro ciclo.
El voto que no cuenta y la sombra de la desconfianza
En la conversación aparece un tema recurrente: la desconfianza en el sistema de recuento. Hay quien sostiene que las elecciones están amañadas y que los resultados reales nunca se publican. Es una sospecha sin pruebas que circula desde hace años y que ningún dato respalda, pero que explica por qué una parte del electorado se ha desentendido del voto como herramienta de cambio.
El otro eje del malestar es el clientelismo. Se argumenta que el PSOE mantiene su suelo electoral gracias a una red de funcionarios, pensionistas y beneficiarios de ayudas públicas que votan en clave de supervivencia económica. Es una hipótesis que no se puede demostrar con los datos del panel, pero que planea sobre cualquier análisis del voto socialista.
Qué puede pasar con estos números
Con estos porcentajes, la aritmética parlamentaria se complica. El PP necesitaría a Vox para gobernar, y Vox necesitaría al PP para no quedarse en la oposición. El PSOE, con 110 escaños, dependería de Sumar, Podemos y los nacionalistas para cualquier investidura. Ninguna suma es cómoda, y todas pasan por cesiones que los electorados de cada partido digieren mal.
La predicción con reservas es que el sistema aguante otro ciclo sin reformas, que la ley electoral siga premiando a los grandes y castigando a los pequeños, y que la desafección siga creciendo hasta que alguien decida que el problema no es la encuesta, sino el sistema que la hace posible.