Vivienda: la compraventa se hunde un 11% y el precio sube un 7,7%
Menos ventas y precios más altos. Los datos de julio del
Consejo General del Notariado dejan ese contraste: la compraventa de vivienda se desplomó un
11% mientras el precio subió un
7,7%. Las hipotecas, sobre el papel, acompañan a la baja: cayeron un
4,9%. El manual dice que el crédito barato empuja la demanda. El mercado hace lo contrario.
¿Por qué sube el precio si se venden menos casas?
Gana peso una explicación incómoda: compra quien tiene el dinero en efectivo. El inversor con liquidez adquiere
a tocateja, sin depender del banco, y ese comprador no necesita hipoteca ni tiene prisa por negociar a la baja. Con la oferta apretada, sostiene el precio. Una corriente del análisis lo resume así: si el crédito se abarata y las ventas caen, entonces quien mueve el mercado no está pidiendo crédito.
Enfrente aparece el fantasma de siempre. Hay quien dibuja un
2008 reloaded y quien responde que la caída de operaciones es una señal de agotamiento, no de desplome. La diferencia entre ambos escenarios es enorme y, de momento, nadie la ha resuelto con datos.
El precio sube un 7,7%, pero no tanto: qué dice la inflación
Aquí el matiz lo cambia todo. Con una inflación del
4,9%, ese 7,7% nominal se queda en un
2,6% real. Quien mira el dato ajustado sostiene que el mercado se está enfriando respecto al año anterior y que estamos ante un cambio de tendencia, no ante un rebrote.
Es un argumento razonable y también discutible: el precio real sigue subiendo, por poco que sea. Moderar la subida no es lo mismo que bajar, y el comprador que firma hoy no paga en términos reales, paga en euros.
Los salarios crecen un 3% y el comprador pierde poder
La otra pata del problema está en la nómina. Con la misma inflación, los salarios crecen en torno a un
3%, y a eso se suma lo que retiene Hacienda por no deflactar el IRPF. El cálculo que circula entre quienes siguen el mercado apunta a que los potenciales compradores han perdido más de un
3% de poder adquisitivo. Traducido: el precio sube, el crédito se abarata y el bolsillo que debería aprovecharlo adelgaza.
Con ese cóctel, la pregunta de fondo no es si hay burbuja. Es quién puede permitirse entrar y quién se queda mirando desde la acera.
El rompecabezas no cierra por ningún lado: crédito más barato, operaciones a la baja, precios al alza y compradores con menos capacidad real. Los que ven enfriamiento tienen la inflación de su parte; los que ven tensión, el efectivo de los que compran sin banco. El punto exacto donde el análisis se atasca es ese, y sigue atascado.