España destruye 193.704 empleos en el peor agosto del último lustro
El mercado laboral perdió
241.800 afiliados entre el 15 de julio y el 14 de agosto: de 21.416.521 cotizantes inscritos a 21.174.657. Otra lectura del mismo desplome habla de
193.704 empleos destruidos y 21.884 parados más, el peor agosto del último lustro. Y aun así, en el centro de Madrid hay quien sostiene que no encuentra mesa libre para comer sin reservar. Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez, y ahí arranca la discusión.
¿Por qué se destruye empleo mientras la actividad no se frena?
Hay una explicación amable: hay más dinero que nunca en las calles, las terrazas se llenan y el consumo aguanta. Hay otra, la de los registros oficiales, y es menos amable. En el acumulado de los primeros seis meses del año se contabilizan
6,9 millones de bajas de afiliación, un 10% más que un año antes y un 15,9% por encima de 2021. De ese total, 4,6 millones corresponden al fin de un contrato temporal y 2,3 millones al paso a la inactividad de un fijo discontinuo.
Las dos fotos no son excluyentes. Una mide cuánta gente entra y sale del sistema cada semana; la otra, la caja de los bares un sábado por la noche. El problema es que la primera lleva años ganando intensidad, y la segunda no paga pensiones.
El millón de ceses y los indefinidos que también vuelan
España ha roto el umbral del
millón de ceses en 2024, y lo llamativo no es el volumen bruto sino su composición: los despidos de indefinidos crecen un
145% desde la reforma laboral. Los procesos concursales, además, están en su cifra más alta de la última década en pleno crecimiento económico. Es la combinación que descoloca: no hace falta una recesión para que las empresas recorten plantilla.
El golpe se concentra en las empresas más pequeñas. Las micropymes pierden ocupados netos mientras las grandes compañías y el sector público siguen sumando afiliados. El mercado se estrecha por la base y se ensancha por la cúpula, que es la peor forma posible de ensancharse.
Fijos discontinuos: la reforma y su letra pequeña
La figura del fijo discontinuo se diseñó para dar estabilidad a trabajadores de temporada. En la práctica, su paso a la inactividad computa como baja de afiliación sin figurar como paro registrado —esa es la explicación que se repite en el hilo—, lo que emborrona cualquier comparación histórica. La vicepresidenta
Yolanda Díaz, según un mensaje del hilo que remite a informaciones publicadas, habría reconocido ese engaño en la contabilidad del empleo. El efecto estadístico es sencillo de describir y difícil de digerir:
2,3 millones de bajas por esta vía en un solo semestre.
Contratos de siete días y una estadística que vibra
Si el problema fuera solo de cantidad, los datos de duración lo desmienten. La duración media de los contratos marcó en febrero mínimos de 18 años, y
el 20% dura menos de siete días. Un empleo que se firma el lunes y se extingue el viernes no sostiene una hipoteca ni un proyecto de vida. Sí sostiene, en cambio, un sistema de afiliación con vaivenes constantes y una sensación permanente de provisionalidad.
El empleo que sí crece: el público
Donde la estadística no retrocede es en la nómina pública. Hay quien sostiene, a partir de los titulares que se comparten en el hilo, que solo se crea empleo estable en lo público y que el país se encamina hacia una mayoría de funcionarios. La objeción, en el hilo, es que ese empleo se financia con deuda e impuestos, no con actividad que genere excedente. Entre quienes defienden el gasto como sostén y quienes lo leen como hipoteca, el dato incómodo es que la empresa pequeña lleva varios trimestres sin crear empleo neto.
Del cuello blanco a la inteligencia artificial
En paralelo se abre otra discusión, la del trabajo cualificado. El diagnóstico que circula: las multinacionales están en un
impasse, evaluando si la inteligencia artificial permite automatizar tareas de oficina y recortar costes laborales, y nadie quiere ser el primero en mover ficha por la incertidumbre. La sanidad se salvaría por los requisitos legales; el resto del trabajo de cuello blanco afrontaría su mayor ajuste desde la posguerra, según esta lectura, que no viene acompañada de cifras de despidos verificadas. Se habla también de carne artificial y de una agricultura cada vez más mecanizada cerrando el círculo sobre la comida barata.
El motor pierde 54.000 empleos y Chery espera un año más
El golpe más concreto llega del automóvil. La
industria auxiliar perdió
54.000 empleos a lo largo de 2024, con fábricas y proveedores en alerta. En Zona Franca, la Generalitat anunció más ayudas para la planta de Chery después de reconocer que la producción de coches eléctricos se retrasa un año. La reindustrialización, de momento, se paga en subvenciones y se cobra en calendario.
Con 241.800 afiliados menos en un mes, un millón de ceses al año y un cálculo que circula en el hilo, que sitúa el paro real por encima del 23%, la pregunta ya no es si el mercado laboral aguanta. Es cuánto tiempo puede sostenerse el relato antes de que lo sostenga la estadística.