Policía Pérez
El Niño Pole
- Desde
- 19 Ago 2020
- Mensajes
- 3.413
- Fruta
- 31.946
Tengo cierta depresión, hasta ahora…
Follow along with the video below to see how to install our site as a web app on your home screen.
Nota: This feature may not be available in some browsers.

La sensación de que todo lo nuevo es peor suele ser una mezcla de nostalgia, cambios en la industria y saturación. No es una prueba de que el mundo se haya arruinado, pero sí una señal de que conviene revisar qué se consume y por qué.
Hay una queja que se repite en conversaciones de barra de bar, en cenas familiares y en foros de internet: lo de antes molaba y lo de ahora es una porquería. El cine, la música, los videojuegos, el deporte. Todo. Quien lo dice no suele estar de broma. Siente que algo se ha roto.
La nostalgia no es un simple capricho. Es un mecanismo emocional que tiende a embellecer el pasado y a borrar lo mediocre. Las películas que alguien vio a los quince años quedan grabadas con una carga afectiva que ninguna producción nueva puede igualar, porque no compite solo con la película: compite con la persona que eras entonces.
Eso no significa que todo lo antiguo fuera bueno. Significa que recordamos lo bueno y olvidamos lo malo. La primera entrega de una saga suele pillar por sorpresa; la tercera, la cuarta o la décima ya cargan con expectativas imposibles. Terminator 2 funcionó porque llegó en el momento justo, no porque el cine de 1991 fuera superior al de 2024.
Hay un fondo real en la queja. Las grandes franquicias dominan la cartelera desde hace años. Los estudios prefieren invertir en secuelas, remakes y universos compartidos antes que arriesgar con ideas originales. Eso reduce la variedad y hace que muchas películas parezcan fabricadas en serie.
En los videojuegos pasa algo parecido. Los mundos abiertos se han convertido en el formato por defecto, incluso en sagas que antes eran lineales. The Legend of Zelda: Breath of the Wild (2017) y Mario Kart World (2025) apostaron por esa fórmula. A algunos les encanta; a otros les parece que la exploración infinita diluye lo que hacía especiales a esas franquicias.
La NBA actual vive instalada en el triple. En la temporada 2023-24 se intentaron 39,5 triples por partido de media, un récord histórico. Para quien creció viendo a Shaquille O'Neal en la pintura o a Allen Iverson rompiendo tobillos, ese baloncesto puede resultar repetitivo.
En la UFC, el grappling domina. Los luchadores como Khabib Nurmagomedov basan su éxito en el control en el suelo. Es eficaz, pero para el espectador casual puede ser tedioso. El fútbol también ha virado hacia lo táctico. Menos espacios, más pausa. El espectáculo cambia de forma, no necesariamente a peor.
Si alguien siente que nada le interesa y eso le genera tristeza profunda, conviene hablarlo con un profesional de la salud mental. La anhedonia, la incapacidad de disfrutar de lo que antes gustaba, es un síntoma que merece atención.
Más allá de eso, ampliar el radar ayuda. Hay cine independiente, música en directo, deportes minoritarios y videojuegos fuera del circuito comercial. El problema no es que ya no se haga nada bueno. Es que lo bueno ya no llega por los mismos canales de siempre.
Tengo cierta depresión, hasta ahora…