Cerró su negocio por la caída del tráfico: «parece un cementerio» a los 35
La receta más repetida para un técnico de 35 años que se queda en paro es opositar. El problema es que hay quien avisa de que esa puerta también se ha estrechado. Un programador senior que montó su propio negocio online y lo mantuvo cinco años describe su vuelta al mercado laboral con una palabra:
cementerio. Cerró la persiana hace casi un año, vive de los ahorros y desde marzo no ha pisado una sola entrevista. Solo llamadas telefónicas y procesos que nunca volvieron a llamar.
Cinco años de autónomo y un tráfico que se hundió con la IA
El punto de partida no era precariedad. Fue programador senior en varias empresas, se quemó —ansiedad y depresión incluidas— viendo la
carrera de la rata desde dentro, y emprendió. Le salió razonablemente bien.
Cinco años de negocio propio online, independizado desde los
25, aunque nunca llegó a despegar del todo. Entonces, según su relato, la inteligencia artificial cambió las reglas del juego: menos visitas, menos tráfico, menos negocio. La caída fue tan fuerte que cerró, y ya acumula dos años en tensión constante. Volver a casa de los padres con 35, dice, queda como última opción.
Programadores: ofertas ridículas y 100 candidatos por plaza
Su diagnóstico del sector tecnológico es brutal: pocas ofertas, mal pagadas y con requisitos de varias responsabilidades a la vez más inglés fluido. La foto que dibuja —
más de 100 interesados en el minuto siguiente a la publicación de una vacante— explica por qué el teléfono suena pero la entrevista nunca llega.
Hay un contrapunto que matiza el cuadro. Un interviniente cuenta que en su empresa las vacantes para desarrollo siguen abiertas y cuesta cubrirlas: tres puestos disponibles, dos entrevistas técnicas en tres meses y la aceptación provisional de un candidato con menos nivel del que requería el puesto. El mercado no está muerto. Está más exigente y peor retribuido, que no es lo mismo.
El muro de la sobrecualificación
Descendiendo al trabajo no cualificado el resultado empeora. Mozo de almacén, cajero, cualquier cosa: lo descartan enseguida por estar sobrecualificado. La recomendación que circula es reescribir el currículum y borrar todo rastro de programador senior, dejando solo gestión online y atención al cliente. El razonamiento es simple: quien contrata asume que se irá en cuanto salga algo mejor.
A eso se suma cambiar de canal:
dejar InfoJobs, entrar por empresas de trabajo temporal, tirar de referidos y de encargos pequeños de freelance. Y una vía poco convencional: presentarse a encuentros locales con algo ya construido, no con el CV bajo el brazo.
La oposición como plan A se masifica
Hacerse funcionario aparece en el intercambio como la salida única del mercado laboral español, y no solo para este perfil. El aviso inmediato es el de siempre:
si todo el mundo hace lo mismo, deja de ser una salida. Ponen el ejemplo de una oposición técnica que hasta hace poco no preparaba nadie y que amenaza con convertirse en tabla de salvación masiva.
Los números tampoco acompañan. Los cortes de la última convocatoria de un cuerpo administrativo del Estado salieron más bajos de lo esperado, con un ejercicio práctico llamativamente bajo.
La ventana se cierra, sostienen algunos, con menos convocatorias previstas. Y hay quien la rechaza por motivos éticos. En paralelo circula la tesis de que buena parte del empleo público consiste en mover papeles y de que solo entre el
25% y el 30% de los trabajos serían realmente productivos.
Oficios, formación profesional y el consejo de las dos jornadas
La otra familia de consejos apunta al trabajo manual. Albañilería, pintura, reparto de paquetes, recolección de aceituna o vendimia, construcción y hostelería aparecen como sectores con demanda real de mano de obra. La advertencia que acompaña es honesta:
el esfuerzo físico de estos empleos no lo imagina quien ha trabajado de cuello blanco.
El itinerario que propone un interviniente combina dos turnos: reparto por la mañana y un ciclo superior por la tarde, orientado a instalación de renovables, climatización o equipos médicos. También hay quien señala el audiovisual como sector que no para y no encuentra gente.
Emigrar, inglés y el pulso sobre el mercado laboral
La pregunta «
me piro de España?» recibe una respuesta tajante: «ya tardas». Con matiz: sin inglés fluido el aterrizaje es duro, y ese idioma es precisamente lo que exigen las ofertas del sector tecnológico.
En paralelo, una parte de los intervinientes sostiene que la llegada de trabajadores de terceros países está presionando a la baja los salarios de las categorías menos cualificadas, en lo que describen como competencia directa por los mismos puestos. Es una tesis que se repite sin datos que la respalden y que convive con otras lecturas centradas en la automatización y en el exceso de candidatos cualificados. El turismo, mientras, aparece como el sector que sí reparte dinero.
Todo apunta a que este perfil no va a recolocarse en tecnología a los salarios de hace unos años. Tiene conocimientos que el mercado ya no paga igual, y reciclarse exige un tiempo que los ahorros no siempre compran. Con estos mimbres, la apuesta más probable no es un empleo mejor: es uno distinto, con la incógnita de cuánto aguantan las reservas antes de que toque decidir de verdad.