La IA no te quita el trabajo: te enseña qué parte sobraba
Un oficinista lo cuenta sin dramatizar. Ha pasado de los pomodoros de toda la vida —veinticinco minutos de trabajo, cinco de descanso— a los pomodoros inversos: cinco minutos dando instrucciones a un modelo de lenguaje y veinticinco mirando otra cosa. Sus informes, estadísticas y presentaciones siguen saliendo. Lo que ya no existe es la parte que consistía en teclearlos.
Eso es lo que ha cambiado. El concepto del trabajo sin sentido que el antropólogo David Graeber describió hace más de una década se ha mudado de sitio. Ya no es un puesto entero que sobra: son veinte minutos aquí, un informe eterno allá y una aprobación que nadie lee.
Por qué la inteligencia artificial destapa tareas inútiles y no empleos completos
La lectura que más se repite es que la automatización no está borrando profesiones, sino vaciando de contenido partes de profesiones necesarias. De ahí salta la discordia: hay quien sostiene que áreas enteras, como los recursos humanos, son el ejemplo más puro de puesto prescindible, y quien responde que eso es una opinión sin un solo número detrás.
En medio del ruido, el argumento con más cuerpo es otro. Poner un asistente conversacional a redactar no sube la productividad por sí solo. Si la empresa rellena el tiempo liberado con más burocracia, el ahorro se evapora antes de llegar a la nómina.
El caso de Twitter: cientos de despidos y ningún colapso visible
El episodio que se cita para demostrar que media plantilla sobraba es el de Elon Musk en Twitter: cientos de despidos y oficinas cerradas en varios países, y la plataforma siguió funcionando. Se argumenta que la moderación incluso mejoró al desaparecer ciertos filtros; otros replican que ese negocio nunca dependió de la plantilla, sino de la gente que no puede dejar de contarlo todo.
Keynes prometió 15 horas semanales: la jornada no bajó
La tecnología que iba a liberarnos llegó. Las quince horas semanales que Keynes puso sobre la mesa, no. En su lugar se inventaron las reuniones, los PowerPoints y los alineamientos, y ahora el dinero ya no es gratis: durante años el capital barato tapó las ineficiencias. Cuando cuesta, alguien empieza a mirar qué se puede quitar de en medio.