El eclipse que ha convertido la AP7 en una pesadilla
Vinaròs se prepara para un espectáculo de un minuto y 40 segundos. Su ayuntamiento ha anunciado cortes de caminos a los parajes de montaña y las autoridades ya hablan de colapso en las carreteras. El problema no es el eclipse, sino todo lo que hay alrededor: los atascos, las gafas compradas con meses de antelación y las terrazas llenas para una cita que, desde cualquier descampado orientado al oeste, también se ve.
Un espectáculo único o una excusa para llenar cajas
Hay dos lecturas posibles. La primera sostiene que un eclipse total se ve una vez en la vida y que el despliegue está justificado: no es una serie de Netflix que puedas aplazar, o lo ves o te lo pierdes. La segunda es más escéptica: malos tiempos para el consumo y una campaña que ha encontrado en el cielo su mejor altavoz. La fecha lleva semanas machacando desde todos los flancos y la masa responde.
Seguridad y fuego: los otros protagonistas
Las medidas rozan el desconcierto. Se cortan accesos a la ermita para evitar aglomeraciones, pero el evento se ve desde casi cualquier terraza. Y en plena temporada de incendios, la combinación de hogueras, barbacoas y colillas es una pólvora. El riesgo real no es solo el daño ocular: es que la celebración termine alimentando un incendio forestal.
El apagón durará menos de dos minutos, pero la cola para salir de Vinaròs durará bastante más. Que cada cual decida si mereció la pena.