La reina predica decrecimiento con joyas de más de 50.000 euros
Decrecer suena razonable hasta que se pone precio a quien lo predica. La reina Letizia ha puesto sobre la mesa la bioeconomía y la moderación del consumo en un acto público, y el joyero que llevaba convirtió el mensaje en un contraste incómodo: unas aguamarinas de Bulgari valoradas en más de 50.000 euros, unos pendientes Comète de Chanel a 7.950 y el resto de la colección personal —Tous, Gold & Roses, Coolook— que suma varias decenas de miles más. El
decrecimiento tiene estas cosas: se predica mejor con las manos libres.
El decrecimiento que no cuadra con el PIB
El término ha entrado en el vocabulario público con una promesa sencilla de enunciar y complicada de ejecutar: producir y consumir menos para que el planeta aguante. El problema es la letra pequeña. Hay quien sostiene que el PIB nominal sigue subiendo gracias a la impresora de los bancos centrales mientras el ajuste real —menos renta disponible, menos ahorro— lo pagan asalariados y ahorradores. En esa lectura, el decrecimiento dejaría de ser una filosofía y pasaría a ser un simple reparto de la factura.
La réplica más repetida va en la línea de un chiste de taberna: «vamos a producir menos, pero sin que eso afecte al PIB». La contradicción no es menor, porque medir el decrecimiento exige cambiar el termómetro. Si el indicador se retoca cada vez que la cifra no encaja, el asunto deja de ser económico y se convierte en contabilidad creativa. Un participante lo resume así: el contribuyente de a pie termina pagando lo mismo por menos.
El joyero de la reina, partida a partida
Lo que encendió la polémica no fue la teoría, sino el catálogo. Estas son las piezas que la propia reina ha lucido en actos oficiales y que la prensa ha ido tasando:
- Aguamarinas de Bulgari: más de 50.000 euros
- Pendientes de la colección Comète de Chanel: 7.950
- Plume de Chanel: 6.800
- Dobles dagas de Gold & Roses: 1.985
- Pendientes de Tous: 1.865
- Crawler Skyline de Gold & Roses: 1.565
- Coolook: 620
Al margen de la joyería personal, el joyero institucional incluye tiaras históricas como la Prusiana, la Floral, la Princesa o la Mellerio, algunas heredadas y otras de difícil tasación. La pregunta, para quienes critican su intervención, no es cuántas tiaras tiene la Corona, sino por qué quien pide apretarse el cinturón aparece con ese catálogo encima.
Coches oficiales y una foto de 135.000 euros
El joyero es solo la punta del iceberg para los críticos. Un comentario del hilo asegura que la Casa Real dispone de más de 40 coches a su servicio, y el retrato oficial de los Reyes encargado a Annie Leibovitz se presupuestó en 135.000 euros. Ese encargo, además, generó malestar entre los fotógrafos españoles, que vieron cómo se adjudicaba a una firma internacional un trabajo que podía haber hecho cualquiera de ellos.
Sumadas las partidas, el discurso de la moderación se sostiene mal. No se trata de que la institución no pueda tener patrimonio —lo tiene, y en buena parte heredado—, sino de la distancia entre el sermón y el espejo. Cuando el ejemplo tiene que venir de arriba, el mensaje llega con funda de terciopelo.
De PRISA a la Zarzuela
La biografía de la reina se usa en los dos sentidos. Antes de llegar a la Zarzuela ejerció como periodista en la órbita de PRISA, con paso por CNN+, según recuerdan los participantes del hilo. Sobre su entorno, en el debate se apunta la pregunta de por qué alguien a quien parte de la derecha acusa de roja y republicana aparece rodeada de círculos acomodados, sin que esa afirmación se sostenga con pruebas.
Hay quien señala que el problema no es el contenido, sino la falta de costumbre. La reina Sofía se movía en otro registro, más próximo al
ver, oír y callar, y esa discreción —real o impostada— se recuerda hoy con nostalgia. La comparación es injusta en parte, pero explica por qué cada frase fuera de libreto se amplifica hasta convertirse en un asunto de Estado.
Al final queda una pregunta en el aire: mientras se pide moderar el consumo ajeno, el joyero suma, los coches esperan y el PIB se remienda con criterios que cambian cada vez que las cifras no encajan. ¿Cuánto de todo esto es decrecimiento económico y cuánto es, simplemente, repartir la escasez hacia abajo?