Un exanalista pide planes por si hay contacto extraterrestre
Un exanalista que trabajó para un banco central ha pedido, según un mensaje que circula en un foro, que su gobernador active planes de contingencia por si algún día se confirma vida extraterrestre. La petición circula estos días junto a las recomendaciones que se atribuyen a la NASA sobre qué hacer ante un contacto, y ha bastado para que medio internet vuelva a discutir lo mismo que llevamos discutiendo desde que el ser humano levantó la vista del suelo: si vienen, quién manda aquí y quién paga la factura.
No es ciencia ficción barata. El objeto interestelar
3I/ATLAS ha vuelto a poner el tema en la agenda, y con él la pregunta incómoda: ¿de verdad hace falta un comité de expertos para algo que, si ocurre, nos pilla con el paso cambiado? La respuesta oficial, según se lee en los documentos que circulan, es que sí. La respuesta oficiosa de cualquiera con dos dedos de frente es otra.
Qué dice la NASA que hay que hacer si hay contacto
El protocolo que se atribuye a la agencia espacial no incluye disparar primero ni esconderse debajo de la mesa. Incluye lo que ya hace cualquier administración cuando no sabe qué hacer:
crear un comité. Un grupo internacional de expertos que evalúe la señal, la verifique y decida si merece una respuesta. Traducido al español medio: dos o tres ministerios nuevos y una ronda de comparecencias.
De ahí sale la primera gran carcajada del asunto. «De los creadores de hay que salvar el planeta, llega hay que salvar la galaxia del cambio interestelar», resume una de las intervenciones más repetidas. El chiste tiene fondo: si el cambio climático sirvió para justificar impuestos, agencias y subvenciones, un contacto alienígena sería el
pelotazo burocrático definitivo. No hay crisis que no acabe en una nueva dirección general.
Y luego está el detalle técnico que nadie quiere mirar de frente. Si alguien ha cruzado años luz para llegar hasta aquí, su tecnología no está un poco por encima de la nuestra: está a otra escala. «Si de verdad hay extraterrestres capaces de viajar por las estrellas hasta la Tierra su tecnología sería abrumadoramente superior a la nuestra, así que harán lo que les dé la gana», apunta un interviniente. El protocolo, en ese escenario, sirve para lo que sirve un paraguas en un huracán.
El disco de oro de la Voyager: ya les hemos mandado la carta de presentación
Hay un detalle que se repite y que conviene recordar: no vamos a presentarnos ante nadie. Hace décadas que mandamos señales al espacio. El
disco de oro de la Voyager viaja con información sobre el planeta, sus habitantes, sus idiomas y sus sonidos. Es decir, ya hemos mandado el currículum. Si alguien viene con malas intenciones, no podrá decir que no le avisamos.
Eso alimenta la corriente más cínica: la de quienes sostienen que el contacto, más que un acontecimiento científico, sería una
oportunidad de negocio. Hay quien bromea con que las plataformas de alquiler vacacional se frotarían las manos ante millones de visitantes con necesidades de alojamiento. Y quien recuerda que, si llegan, lo primero que harán las administraciones será abrir una convocatoria de ayudas.
La broma recurrente es la de la
paguita: si vienen, ¿tendrán derecho a prestación? ¿Se les empadrona? ¿Se les da nacionalidad a los dos años? El chiste funciona porque toca un nervio real: en España cualquier fenómeno nuevo se procesa primero como gasto público y después como debate cultural. Los extraterrestres no iban a ser menos.
El experto multidisciplinar y otras especies autóctonas
Si algo ha quedado claro en esta discusión es el desprecio absoluto hacia la figura del experto. «Experto multidisciplinar es un oximoron», sentencia uno. Otro recuerda que antes se les llamaba
sabios y ahora se les llama sabelotodo. La desconfianza hacia el comité de expertos no es casual: es el mismo reflejo que aparece cada vez que alguien en Bruselas, Washington o Madrid anuncia que un grupo de especialistas va a decidir algo por nosotros.
La ironía se afila cuando se recuerda que los expertos también se equivocan, y cuando se señala que el verdadero negocio no está en el contacto, sino en
vender la alarma. «Lo único que da más vergüenza que los científicos escondiendo la cabeza cual avestruz es la conspiración rata sacando clicks», resume una intervención que apunta directamente a los medios que amplifican cada rumor sobre alienígenas.
Hay una tercera vía, más prosaica, que también tiene su público. La de quienes creen que todo esto se resolverá como se resolvió la última crisis sanitaria global: con una piedra, un cristal o un trozo de metal con inscripciones, retransmisión en directo, mascarilla obligatoria, confinamiento y vacuna. «Esta historia ya me la sé. Tienen poca imaginación. Vosotros, demasiada», zanja uno de los mensajes más valorados.
El banco central y el escenario que nadie había previsto
La parte que convierte esto en algo más que una broma es la financiera. Un exanalista de un banco central ha pedido públicamente a su gobernador que incluya el contacto extraterrestre entre los
escenarios de riesgo de la entidad. No es una ocurrencia de barra de bar: es la constatación de que, si algo así se confirmara, los mercados reaccionarían antes de que ningún gobierno supiera qué decir.
El problema es que nadie sabe en qué dirección. ¿Pánico? ¿Euforia tecnológica? ¿Venta masiva de activos? La única certeza es que los bancos centrales llevan años preparándose para cisnes negros y este sería el más negro de todos. La carta al gobernador no pide un plan concreto, solo que se piense en ello. Y eso, en el lenguaje de la banca central, ya es mucho pedir.
Mientras tanto, la conversación pública oscila entre el chiste y la sospecha. Que si el gobierno de turno aprovechará para subir impuestos, que si la agenda 2030, que si esto es otra cortina de humo. La desconfianza hacia el relato oficial ya no distingue entre una pandemia, una dana o una nave nodriza: todo se lee con el mismo filtro.
Lo que de verdad importa: nadie sabe qué hacer
Al final, el protocolo que se atribuye a la NASA dice menos de los extraterrestres que de nosotros. Dice que la especie humana, ante lo desconocido, hace lo que siempre ha hecho: nombrar un comité, redactar un procedimiento y esperar que no pase nada. Es la misma respuesta que dimos al meteorito, a la gripe aviar y a cualquier amenaza que no entendemos.
La única diferencia es la escala. Si vienen, no habrá comité que valga. Y si no vienen, seguiremos discutiendo sobre ellos igual que llevamos discutiendo sobre cualquier cosa que se ponga por delante. El protocolo, mientras tanto, ya está escrito. Por si acaso.