Un universo finito que la física no firma
El universo es finito. El tiempo también. La frase se repite como si fuera una ley y no pasa de ser una corazonada: de «todo lo que empieza acaba» no se deduce nada sobre la geometría del cosmos. Ese es el eje de un planteamiento que arranca tajante y termina, unos párrafos después, bastante más matizado.
Por qué un espacio finito no necesita borde
El argumento más socorrido —si el espacio es finito, la materia acabará rebotando contra su límite— tropieza con un objeto elemental: una esfera. Una superficie esférica es finita y no tiene borde contra el que chocar. No existe ninguna ley física que obligue a que un volumen finito tenga frontera. Y si eso vale para el espacio, no hay motivo para darlo por sentado con el tiempo.
El tiempo: del Big Bang al gran reinicio
El Big Bang describe un origen, no un final. Hay quien lleva el razonamiento hasta el extremo de imaginar el cosmos como un plano cuyos bordes la materia aún no ha tocado: el día que lo haga, el calor retraería el espacio y arrastraría el tiempo hasta su punto de partida. No un Big Crunch, sino un reinicio. Modelos cíclicos de expansión y contracción existen sobre el papel. Demostrados, ninguno.
Agujeros negros, entropía y la factura del creador
La pieza incómoda sigue siendo la escala de Planck: por debajo de ella la física deja de ser fiable y hablar de un «antes» del Big Bang pierde sentido. De ahí tiran dos corrientes opuestas. Una sostiene que materia y tiempo son finitos y que un creador ilimitado explica lo que la lectura puramente materialista no cierra. La contraria responde que eso convierte una intuición humana en cosmología; y en el propio hilo se describe los agujeros negros como «destructores de materia a gran escala», un mecanismo que, según ese planteamiento, impediría que el universo se enfríe.
Si los modelos cíclicos acaban encontrando respaldo observacional, la tesis del tiempo finito se caerá sola. Si no lo encuentran, seguirá en pie por costumbre. Y por mucho que se repita, seguirá sin ser una ley.