Los reformatorios de Franco: el infierno que pervivió diez años tras su muerte
Hasta 1985, cinco años después de la Transición, el Estado español mantenía centros de reeducación para mujeres 'descarriadas'. Las internas eran jóvenes encerradas por prostitución, embarazo precoz, lesbianismo o simple rebeldía, muchas a petición de sus propios padres. El artículo de eldiario.es que ha reabierto el debate sostiene que "seguían siendo un infierno". Pero la discusión pública choca con posturas escépticas que cuestionan el relato.
¿Memoria histórica o fabricación de la realidad?
La corriente crítica al artículo argumenta que la institución no era exclusiva del franquismo, sino que existió antes y después, y que su denominación actual, 'centros de menores', oculta un funcionamiento igual o peor. Los datos apuntan a que la mayoría de ingresos fueron por prostitución, embarazo precoz, delincuencia y homosexualidad, y que en muchos casos eran los propios padres quienes solicitaban el internamiento, sin distinción de ideologías.
El presente como espejo
Frente a la demonización del pasado, algunos analistas señalan que los actuales centros de menores producen resultados aún más sombríos, y que el interés mediático por los reformatorios franquistas responde más a una agenda política que a un análisis riguroso. La sospecha de que se intente tapar el proxenetismo con menores bajo tutela estatal planea sobre el debate.
El dato no admite discusión: los reformatorios estuvieron vigentes hasta 1985, una década después de la muerte de Franco. Lo que se discute es si realmente fueron un infierno exclusivo del franquismo o una institución que, con otros nombres, perdura y empeora.
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