Por qué el Moto G de 139 euros ganó al Lumia en la compra barata
Un móvil se muere y hay que resolverlo esa misma tarde. El presupuesto viene tasado al céntimo: ni un euro por encima de 150. Y la lista de candidatos se llena sola: un Motorola Moto G, un Moto E, un Lumia 640, un BQ Aquarius, un Xiaomi, un Huawei, un Samsung Core Prime. Todos pujan por el mismo bolsillo.
La pregunta de fondo no es cuál es el mejor teléfono del mundo, sino cuál cumple lo mínimo —moverse rápido, aguantar la batería hasta el día siguiente, cargarse de aplicaciones— sin obligar a repetir la compra en un año. Sobre ese pliego, la recomendación más repetida tiene un solo nombre:
Moto G.
Qué exige quien busca móvil por menos de 150 euros
Las condiciones se pusieron por escrito: que vaya rápido, que sea compatible con las apps, que la batería no deje tirado el mismo día, que la cámara sea decente y que la pantalla llegue a cuatro pulgadas. Nada del otro mundo. Ningún comprador buscaba un tope de gama; buscaba no equivocarse.
Sobre ese pliego cayó un reguero de candidatos. Un Moto E de segunda generación por
116 euros. Un Samsung Core Prime por 120 o menos. Un Maxon por 99. Un Lumia 532 por 98 y un Lumia 535 por 119. Un Alcatel C7 por 90. Y el inevitable «por un poquito más»: un Sony Xperia M4 a 173 euros al contado, con smartband y gafas de sol de regalo.
El precio actuó de primer filtro. El Sony Xperia M4, nuevo y libre, valía casi 300 euros en tienda; atado a una operadora, la factura se desplomaba. El Moto G llegó a salir por
3 euros al mes durante 24 meses, 72 euros en total, con la permanencia como contrapartida. Un chollo, siempre que la cobertura acompañe.
Windows Phone frente a Android: el problema de las aplicaciones
La duda inicial era si un terminal con Windows —el Lumia— arrastraría problemas de compatibilidad. La respuesta quedó matizada: el sistema va sobrado de recursos porque está mejor optimizado que Android, y las funciones básicas no fallan. El problema no es la potencia. Son las
apps: Google no publica apenas aplicaciones para Windows Phone, así que la oferta vive de unas pocas oficiales y de equivalentes de terceros.
Hay quien defiende el Lumia 640 como la opción clara en Windows, con doble toque para despertar la pantalla, buena visibilidad en exteriores y batería de hasta dos días de uso moderado. Y hay quien avisa justo de lo contrario tras sufrir un Lumia 620: fallos antes de cumplir los dos años, conector USB flojo y jack de 3,5 mm holgado. La marca histórica ya no garantiza lo que garantizaba. La versión Windows del móvil barato, en resumen, es buena o mala según lo que cada uno necesite instalar.
¿Es mala idea comprar un móvil chino?
Huawei, Xiaomi y Lenovo entraron en la conversación con fuerza. El Huawei G Play Mini salía por poco más de
125 euros, con cinco pulgadas, botones físicos, 2 GB de RAM, ocho núcleos, buena cámara y batería solvente. El Huawei P8 Lite aparecía por
155 euros en una operadora sin permanencia, octacore con 2 GB de RAM. El Xiaomi Redmi 2 cosechó apoyos, aunque su versión de 2 GB y 16 GB de memoria interna se dejaba ver poco por España.
Frente a eso, el recelo. Hay quien directamente no los toca, con el argumento de que el servicio técnico de según qué marcas se convierte en una segunda residencia. Del BQ Aquarius se llegó a decir lo mismo, y no faltó quien contrapuso la calidad y el precio de Lenovo, con un A806 funcionando fino casi un año después. El patrón se repite: cada marca tiene su defensor y su damnificado.
¿Merece la pena el Moto E o hay que estirar al Moto G?
El Moto E es la duda permanente. Comparte procesador con el Moto G de la generación anterior, tiene 4G y una autonomía notable, así que para tareas básicas no se queda corto. La cámara es su talón de Aquiles y carece de flash. La comparación redondea el diagnóstico: frente al resto de móviles de 100 euros es un ferrari, pero eso no lo convierte en un Moto G. La conclusión más repetida apunta a estirar el presupuesto solo si el uso va a exigir varias cosas a la vez.
El cierre de la búsqueda
La elección acabó siendo la más previsible. El Moto G de segunda generación —cinco pulgadas, ocho megapíxeles, 8 GB de almacenamiento y 1 GB de RAM— cayó a
139 euros en una oferta puntual, con invitación a un servicio premium incluida. Un aparato que hasta hacía pocos meses costaba 160. El «por un poquito más» que empujaba hacia los 200 se quedó sin argumentos.
Y queda el dato que incomoda a quien estira el presupuesto sin pensar: un terminal con 512 MB de RAM obliga a comprar dos veces. El más barato casi nunca sale más económico.