Móvil por 200 euros: la lista que acabó recomendando chinas
El Nokia Lumia 620 llegó al mercado por 280 euros. Semanas después, el mismo terminal aparecía en una operadora de prepago por 179 euros más 5 de micro SIM y 8 de gastos de envío. Esa caída libre es la que convirtió la búsqueda de un
smartphone por 200 euros en un ejercicio de paciencia y de mirar mucho antes de pagar. La premisa de partida era sencilla: algo que se acercara al
Nexus 4 sin pagar el precio del Nexus 4.
La primera criba dejó claro lo que no servía. Pantallas por debajo de 4 pulgadas, baterías de 1.300 mAh y ausencia de ranura microSD quedaban fuera por sistema. El Sony Xperia P, con 4 pulgadas, resolución 540x960, cámara de 8 megapíxeles, 1 GB de RAM y dos procesadores a 1 GHz, se quedaba corto de diagonal. El Huawei Ascend 330 quedaba libre por unos 130 euros.
Qué móviles libres bajaban de 200 euros
Los candidatos que se repetían tenían un patrón común: casi todos rondaban los 150 y los 200 euros. El
Huawei G300 por 150 euros y el
Galaxy ACE II por 200 fueron los dos nombres que más sonaban. Por debajo, el Motorola Defy Mini se encontraba libre por 69 euros, una cifra que servía más para calibrar el suelo del mercado que para resolver la compra.
El salto de calidad llegó con el BQ Aquaris 4.5, a 170 euros en Media Markt: doble núcleo a 1 GHz, 1 GB de RAM y microSD de hasta 32 GB. La ventaja no estaba en el hardware, sino en
dónde se compraba. Ante cualquier problema, se llevaba a la tienda y asunto zanjado. El Moto G, anunciado por 179 euros con 4,5 pulgadas, resolución 1280x720, 1 GB de RAM y batería de 2.070 mAh, dio el golpe definitivo a la idea de que bajar de 200 euros significaba renunciar a algo.
¿Por qué el Nokia Lumia 620 bajó de 280 a 179 euros?
El Lumia 620 se descolgó pronto del precio de salida. Por 190 euros con envío incluido quedaba un Windows Phone de batería modesta, 1.300 mAh, que, contra lo que auguraba la ficha técnica, aguantaba cerca de dos días con uso normal según quienes lo probaron: sincronización activa, mensajería y navegación. Apretando, cinco horas de pantalla. La carga completa exigía unas 2 horas y 30 minutos.
Hubo un detalle que se vendió como característica estrella y que no lo era: el manejo con guantes. La prueba casera con unos guantes de aislamiento terminó en frustración, porque esa función quedaba reservada a los modelos altos de la gama. En un terminal de entrada, la promesa se quedaba en
folleto.
El GPS de los Jiayu: el fallo que arruina un móvil bueno
Los Jiayu arrastraban un problema recurrente. El Jiayu G4 Advanced, por lo demás impecable, fallaba en la localización: se posicionaba, aguantaba unos 500 metros y se perdía, para volver a encontrarse y volver a perderse. Los parches caseros no arreglaban nada. La batería, en cambio, duraba muchísimo. Otros modelos de la misma casa compartían el defecto de serie.
El problema de fondo era la garantía. Comprar a un fabricante que solo vende en Asia no es lo mismo que comprar a una multinacional con presencia en España. El aparato puede ser mejor y más barato, pero, como se apuntaba en el hilo, el día que falla el tema de la garantía queda en el aire.
Segunda mano frente a terminal nuevo
Para una parte de los consultados, la vía más eficiente era no comprar nuevo. Un terminal de gama alta casi nuevo se vendía por la cuarta parte de lo que costó y, a diferencia de un modelo de entrada, mantenía prestaciones de sobra para el uso diario. El riesgo, según ese planteamiento, es conocido: si el aparato funciona los primeros días, la probabilidad de avería cae en picado. La otra opción era esperar a que el modelo del año anterior bajara tras la salida del sucesor, que es exactamente lo que le ocurrió al Lumia 620.
La contradicción: vetar marcas chinas y acabar recomendándolas
El encargo inicial excluía expresamente a los fabricantes asiáticos. La conversación acabó haciendo lo contrario. El Xiaomi M1S se compró por unos 225 euros, con procesador a 1,7 GHz, doble núcleo y 1 GB de RAM, batería extraíble y microSD de hasta 32 GB. Quien lo hizo no encontró motivo para arrepentirse. Los Meizu MX y los sucesivos Xiaomi, incluidos los que se agotaban en 90 segundos, se colaron en la lista por la puerta de atrás.
La razón, según quienes defendían esa vía, era aritmética: por el precio de un terminal de marca conocida con especificaciones ajustadas se compraba uno sin marca con hardware superior. El Meizu MX3, en su versión de 16 GB, se cotizaba a 410 dólares. La brecha con los 179 euros del Moto G o los 170 del BQ era demasiado grande como para ignorarla. Y ahí apareció el matiz incómodo: el BQ se vendía en tienda española, pero Xiaomi no.
Queda la duda de fondo, la que atraviesa todo el ejercicio. Si el presupuesto manda, ¿por qué seguir pagando la prima de la marca? El mejor móvil por 200 euros resultó ser, casi siempre, el que no se había pensado comprar.