Un móvil gratis de la OCU gana en cobertura al de 70 euros
En octubre de 2017, con un teléfono de la OCU que había costado cero euros dando sus últimos coletazos, arrancó una búsqueda que se alargaría años: un smartphone por menos de 50 euros capaz de hacer lo mismo que uno de gama alta. La meta no era un capricho. Era WhatsApp, correo, alguna foto y —esto era lo que descartaba a casi todos los candidatos— compartir internet con el ordenador haciendo de módem.
El punto de partida tenía truco: el M503 entregado por la OCU a sus socios por la primera mensualidad había salido
gratis. No de segunda mano, no de saldo: gratis. Y llevaba meses funcionando cuando su dueña empezó a mirar sustitutos.
¿Cuánto hay que gastar para tener un móvil que funcione?
El primer candidato serio fue un Doopro P1 Pro,
57,99 dólares que con gastos de envío se convirtieron en
60,75 euros. Diez euros y medio por encima del tope psicológico que se había autoimpuesto, que a su vez había subido desde los 30 iniciales porque las tiendas chinas ofrecían «cosas de dudoso funcionamiento».
Frente a esa vía, el diagnóstico que se repite en cualquier mostrador es que por 50 euros no hay nada. Los datos del caso dibujan otro paisaje: un Wiko por 50 euros y un Alcatel 1 por el mismo importe entraban en el rango, mientras un Huawei Y6 II Compact aparecía a 27,67 euros y un Tp-Link Neffos Y5L a 49. Cada cual saca de ahí la conclusión que quiere; lo que no admite discusión es que la frontera entre lo barato y lo decente es más difusa de lo que sugiere el discurso del dependiente.
La paradoja del móvil gratuito que rinde más
Lo llamativo no llegó por el precio, sino por las prestaciones. El M503 regalado por la OCU duró más que móviles caros de familiares. Se le colgó primero un virus de páginas invasoras que desapareció solo al actualizar el sistema —sin restaurar valores de fábrica ni nada— y luego una batería que parecía muerta y que terminó «reparándose» sola: dejó de descargarse a la mínima y aguantó sin la batería externa en el bolso.
La segunda sorpresa fue la cobertura. Comparando el móvil gratuito con el comprado, misma ubicación y misma hora, con tarjetas de la misma operadora, el de la OCU captaba
el doble. Lo barato es malo, dicen. Los pantallazos de este caso, como poco, matizan la sentencia.
Batería extraíble, doble SIM y 4G: la lista que descarta a casi todos
La lista de requisitos era corta y demoledora: 4G, batería extraíble, doble SIM, desde 2 GB de RAM, pantalla de cinco pulgadas, ranura para SIM normal, envío desde España o Europa y que hiciera de módem sin aplicaciones raras. Ahí se cayeron casi todos los superventas. El Xiaomi quedó descartado por tres motivos acumulados: conector de carga distinto, batería no extraíble y, según varios comentarios coincidentes, llamadas que hacían cosas extrañas.
El argumento de fondo es simple: si la batería no se puede cambiar, cuando falle toca pasar por caja o tirar el aparato. Con batería extraíble, una nueva costó 15 euros en un caso del hilo y alarga la vida del teléfono años. Es la lógica que explica por qué alguien prefiere un terminal de marca dudosa antes que uno bueno con la pila sellada.
El argumento del móvil regalado con permanencia
Hay una tercera vía que también aparece: no pagar nunca por un móvil. Acumular terminales regalados por la operadora a cambio de contratos de permanencia. La respuesta a eso es tajante en un caso y tibia en otro. Un usuario presume de cuatro móviles gratuitos; la otra parte se niega a «casarse» con una compañía, a hacer contratos de cuantía suficiente para que le regalen algo.
El balance no se decide por una cifra única. Entre 2017 y mayo de 2020, el gasto total en tener teléfono fue de
60,75 euros, con la mayor parte de ese tiempo cubierto por un aparato que no costó nada. La pregunta que queda en el aire es si el ahorro salió de elegir bien o simplemente de tener suerte.
El detalle que lo cambia todo
El trámite final fue un ZTE Blade A5 2019 por
69,90 euros, comprado con prisa tras desconfigurarse el viejo Doopro que hacía de módem y sin poder reactivar el wifi porque la pantalla rota no dejaba ver nada. Al llegar, la comprobación que descoloca: el móvil de OCU que se daba por muerto seguía funcionando. Y captaba mejor señal que el recién comprado.
El resumen que deja el caso no es que lo gratis sea mejor. Es que la etiqueta de precio explica menos de lo que parece. Llevar un teléfono de 50 euros no es una condena automática a la miseria digital, igual que gastar 300 no garantiza nada. La cobertura, la batería extraíble y saber lo que uno necesita pesan más de lo que admite cualquier folleto de tienda.