Récord turístico de 109.000 millones y 816.000 jóvenes hacinados
España ha hecho del turismo su industria más rentable y, de paso, su mayor problema de vivienda. En 2023 el país cerró con
109.000 millones de euros de gasto de los turistas y con
816.000 personas menores de 29 años en situación de hacinamiento. Las dos cifras compiten por los mismos metros del mismo parque inmobiliario. No es una paradoja: es un modelo.
¿Cuántos pisos turísticos hay en España?
A 31 de marzo de 2023 había
80.680 anuncios de viviendas de uso turístico en las veinte ciudades con más pernoctaciones del país, un
23% más que en el primer trimestre de 2022. El ritmo no es homogéneo. Solo en Madrid se incorporaron
4.500 inmuebles entre marzo de 2022 y marzo de 2023, y Andalucía aparece como la región de Europa donde más reservas turísticas se cierran a través de plataformas tipo Booking o Airbnb. El negocio ya no vive solo en la costa: entra en el centro de las ciudades, planta a planta.
¿Por qué los jóvenes no logran emanciparse?
El
11,3% de la población española menor de 29 años vivía en 2022 en una situación de hacinamiento. Traducido: unas
816.000 personas compartiendo casa sin los metros que les corresponderían. La relación con el piso turístico es de suma cero; cada vivienda que pasa al alquiler de corta estancia es una menos para el alquiler residencial, y la que queda se encarece. De ahí la ironía que recorre el asunto: con dos
zulos alquilados se vive mejor que un marqués, así que la sociedad sería un éxito, siempre que uno esté en el lado de la propiedad y no en el del contrato.
El récord de gasto turístico y la promesa de 80.000 viviendas
Frente al récord —
109.000 millones de euros de gasto en 2023—, la respuesta pública se mide en compromisos: la construcción de
80.000 viviendas públicas anunciada durante el mandato de Pedro Sánchez. Para la parte más crítica del análisis, el cálculo no cuadra: se sostiene que esa cifra no resuelve nada porque solo Madrid necesitaría
4,5 millones de viviendas, un orden de magnitud que ningún plan público ha manejado. En la misma línea pesimista circula la previsión de que el
paro no bajará del 10% por mucho que tire el turismo, y la sospecha de que el récord actual es un
canto del cisne que aguanta mientras Alemania no ajuste sus cuentas.
Qué puede pasar cuando el turista deje de llegar
Mientras el gasto turístico aguante, el pulso entre rentar a un visitante y alquilar a un vecino seguirá decantándose por el primero: deja más dinero, exige menos trámites y no llama por teléfono cuando se estropea la caldera. La predicción más prudente es la que no cierra la historia. Si el ciclo se enfría —y el enfriamiento depende de decisiones que no se toman en España—, quedará un parque de vivienda adaptado a una demanda que ya no está y un alquiler residencial que sigue sin cubrirse con salarios de
mileurista. Nadie firmaría ese final. Tampoco nadie ha puesto encima de la mesa los números para evitarlo.