153 apartamentos turísticos, cero detenciones: la noche que Madrid amaneció con cerraduras bloqueadas
Cuando amaneció, los portales de siete distritos de Madrid mostraban las marcas de una noche metódica. Cerraduras obstruidas con pegamento y silicona, lectores electrónicos destrozados a martillazos y pintadas contra el turismo. Según fuentes policiales, grupos organizados de encapuchados –con guantes de látex y pertrechados con martillos y botes de pegamento– inutilizaron los accesos a 153 viviendas de uso turístico en una sola madrugada. El lema, coreado en las pintadas: "¡Fuera turistas!".
La reacción no se hizo esperar: de la solidaridad al señalamiento político
El eco de la acción ha desatado las posiciones habituales. Por un lado, quienes ven en el sabotaje una respuesta desesperada ante la turistificación y el encarecimiento de la vivienda –un grito contra un modelo que, según un análisis, deja fuera del mercado a miles de residentes. Por otro, los que lo califican de vandalismo puro: actos de jóvenes que, bajo el paraguas de la protesta, arruinan el acceso a la vivienda y disparan el precio de los hoteles. Hay quien apunta a militantes de izquierdas de veinte años, y también quien ve la mano oculta de la patronal hotelera –o, como se ha ironizado, alguien mayor pasando a cobrar el trabajo.
El número que incomoda: ¿14.000 pisos turísticos en una ciudad de 3,2 millones?
Los datos disponibles, aunque imprecisos, ponen en contexto la magnitud: se citan 14.000 apartamentos turísticos en toda la capital, aproximadamente un 0,4% del parque de viviendas. El sabotaje alcanzó apenas el 1% de ese total. Pero el impacto simbólico supera al material. La pregunta que flota: si la regulación es tan laxa que permite que esos pisos eleven los alquileres para el residente, ¿de quién es la responsabilidad?
El reverso del turismo: hoteles más caros y censura de la protesta
La ironía no escapa a nadie. Quienes hoy aplauden el sabotaje serán los primeros en quejarse cuando el precio de los hoteles se dispense si se restringen las viviendas turísticas. Al mismo tiempo, la solidaridad con los propietarios afectados –algunos con decenas de inmuebles, como se ha señalado– brilla por su ausencia. No ha surgido crowdfunding, ni campaña de apoyo: la imagen del pequeño propietario no encaja en este relato.
La espiral que no cesa: del sabotaje a la pregunta sin respuesta
Con 153 inmuebles dañados, sin detenciones conocidas y con el debate enquistado, la acción deja más preguntas que certezas. ¿Es el preludio de una escalada, o quedará en un hecho aislado? Mientras, los comandos anti-Airbnb han logrado una cosa: que se hable de ellos. Pero la solución al problema de fondo –la vivienda asequible en las grandes ciudades– sigue tan lejos como antes de la noche de los martillos.