Mercadona sube un 8,5% el sueldo a toda su plantilla
¿Cuánto tiene que subir un sueldo para que deje de ser una buena noticia? Mercadona ha anunciado un incremento del
8,5% para toda su plantilla, un porcentaje que duplica el alza media que se está firmando en el resto del tejido productivo y que, sobre el papel, convierte a la cadena de supermercados en la excepción de un país donde la nómina media lleva años perdiendo la carrera contra la cesta de la compra. La compañía que preside
Juan Roig vuelve a poner el listón donde pocos empresarios lo ponen.
La reacción inmediata en el foro de referencia económica es un cóctel reconocible: alivio, envidia y sospecha a partes iguales. Porque si algo demuestra este anuncio es que
subir sueldos es una decisión, no una fatalidad. Y que quien no lo hace, simplemente, no quiere.
Cuánto supone un 8,5% sobre 100.000 nóminas
El cálculo que circula en el debate es elocuente. Tomando una base de
2.300 euros brutos mensuales —cifra que se sitúa por encima del convenio del sector—, el incremento equivale a unos
195,50 euros al mes por trabajador. Multiplicado por
100.000 empleados y doce pagas, la operación asciende a
234,6 millones de euros anuales que la empresa deja de ingresar para repartirlos entre la plantilla.
Hay quien lo compara con lo que está firmando el resto del mercado: subidas del
3% que, con la inflación real muy por encima de ese umbral y sin deflactación del IRPF, dejan al asalariado medio peor que estaba. La conclusión que se extrae es incómoda: el problema no es que Mercadona suba, es que casi nadie más lo hace.
El precio de la compra: un 45% en un año
La otra cara del anuncio la pone la cesta. Un mensaje del hilo reproduce una queja recurrente: los productos de la marca blanca han pasado de
1,00 euro a 1,45 euros en un año, un
45% de subida. El argumento es viejo y conocido:
te suben el sueldo un 8,5% y te suben la compra un 45%. La empresa devuelve por un lado lo que se lleva por otro.
Frente a eso, la defensa es igual de clara: el
IPC de alimentación ha subido en torno a un
30% en los tres últimos años, y Mercadona no es responsable de la inflación general. Si sube precios, sube como todos. La diferencia es que aquí el dinero vuelve a la nómina.
El monopolio silencioso: un Mercadona en cada esquina
La concentración del sector alimentario es el elefante de la habitación. Con presencia en prácticamente cada barrio, la cadena tiene un poder de negociación que no tienen sus competidores. Hay quien sostiene que ese poder se ejerce también sobre los proveedores, obligados a firmar contratos de exclusividad y a esperar pagos dilatados para no perder el canal.
La otra lectura es que esa escala es precisamente lo que permite pagar por encima del mercado. Una logística eficiente, compras centralizadas y márgenes ajustados generan un colchón que otras cadenas no tienen. La pregunta que queda flotando: ¿es el tamaño la causa del buen sueldo o la excusa para no tener competencia?
La letra pequeña: presión, rotación y bajas que no se jubilan
No todo es la nómina. Varios testimonios coinciden en un patrón que no aparece en los titulares: presión de los encargados, horarios duros, mal ambiente en algunos centros y llamadas durante bajas médicas. Y un dato que llama la atención:
nadie se jubila en Mercadona. A partir de cierta edad, según estos relatos, la empresa empieza a hacer la vida difícil.
Frente a eso, la respuesta más repetida es que esas condiciones, malas o no, son mejores que las de cualquier competidor.
Que se vayan a otra empresa y ganen un 40% menos, resume una postura recurrente. La rotación, sin embargo, no parece alta: hay quien observa que el 80% de la plantilla de un centro sigue ahí quince años después.
El ruido político: de la DANA a la caja de Roig
El anuncio ha reabierto la trinchera política. Desde un lado se acusa a Mercadona de seguir repartiendo durante la DANA, mientras Correos —empresa estatal— hacía lo mismo por orden del Gobierno. Desde el otro, se señala que el único pecado de Roig es haber apoyado al PP y que eso basta para que la izquierda le ponga en el punto de mira.
El resultado es un debate que, como casi siempre, habla más de quien lo hace que del objeto.
Una empresa sube sueldos y el país se divide en dos. Eso, en un país con la productividad estancada y el salario real en caída, dice bastante del nivel de la conversación.
Al final, la conclusión es la de siempre: si todos los empresarios fueran como Roig, este país sería una potencia mundial. Y si los sueldos subieran un 8,5% en todas partes, la noticia no sería la subida, sino que alguien la considerara noticia.